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06 octubre 2008

Numero 3.686 Año X

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TENDENCIAS

El nuevo e impune delincuente financiero

José Antonio Zarzalejos

Me juego doble contra sencillo que los máximos ejecutivos del belga Fortis y del alemán de Hypo Real Estate -ambos ayer el alero de la quiebra- estaban gestionados por esos tipos a los que el plan de rescate de Paulson ha decidido atar en corto: vigilará que sus bonus se cobren sólo en función de los resultados de la entidad y gravará hasta la sangre la percepción de los blindajes de sus multimillonarios contratos.

Eso está bien, pero ¿los que se lo han llevado crudo?, ¿cuántos millones (de euros o de dólares) han cobrado los directivos de Godlman Sachs y Morgan Satanley después de mutar de bancos de inversión a comerciales?, ¿y qué cantidad de millones se han embolsado los jerarcas de Lehman Brothers y de Bear Stearns y de Fannie Mae y Freddie Mac?, ¿han leído en informaciones y reportajes de qué forma vivían estos desaprensivos que con sus empresas devoradas por la crisis han obtenido retiros dorados, a tal de punto de poder vivir de las rentas el resto de sus días. Bonus, blindaje contractual, vehículos, escoltas, jets, secretarias, viajes, espectáculos. Literalmente pornográfico. Y tan pornográfico como intolerable.

De siempre el Código Penal ha ido por detrás de los acontecimientos. La prueba es que ahora, en buena ley, los tribunales tendrían que tener cientos de causas abiertas contra otros tantos ejecutivos por el delito de estafa, haya sido ésta dolosa (y existe el dolo eventual) o temeraria, pero estafa al fin al cabo. Han gestionado con codicia y frivolidad; han jugado con los ahorros de millones de ciudadanos y la vida y el trabajo de cientos de miles de personas y familias, muchas de la cuales se encuentran en el desempleo o en la desolación. Han burlado a los reguladores, han infringido códigos deontológicos, han incurrido en las prácticas más opacas y torticeras del mercado financiero, no han provisionado sus créditos, los han concedido sin garantías suficientes, se han deslizado por el tobogán de las grandes cifras y han caído sin embargo sobre el colchón mullido de sus blindajes mientras el Senado y el Congreso de Estados Unidos aprobaban un inmenso plan de rescate para Wall Street y los Gobiernos se precipitaban -ayer lo hizo Alemania sin establecer límite- a garantizar los depósitos particulares.

¿Y esta generación de ejecutivos que han malentendido el capitalismo y el libre mercado ha de quedar impune? ¿No queda al menos el recurso a que sean señalados y socialmente estigmatizados? ¿No son, de hecho, unos nuevos delincuentes -delincuentes financieros- que en torpe alianza con un sistema falto de regulación e ideologizado por los liberales radicales ha defraudado a la sociedad occidental arrastrándola a su peor crisis desde 1929?

Debemos hablar y debatir sobre este asunto. Muchos ejecutivos de entidades financieras despilfarran con el dinero de los accionistas. Viven en la realidad de una abundancia hedionda y antiestética, hortera y prepotente. Calculan su éxito en millones de fortuna personal, un sistema de medición que no se corresponde, sin embargo, con la eficiencia de su gestión. Y cuando todo se viene abajo desaparecen con el dinero de sus blindajes y se apartan un tiempo, emboscados, a la espera de un nuevo tiempo de expansión en el que esperan volver a protagonizar "fichajes" millonarios. Sencillamente repugnante cuando la angustia por la hipoteca, la impotencia ante la amortización del crédito del coche o la desazón por la escasez para llegar a fin de mes atenazan a millones de familias cuyos ahorros, además, se ven depreciados mientras el Euribor drena sus salarios.

Me declaro escandalizado y aspiro a que estos comportamientos constituyan delitos que comporten penas de cárcel y cuantiosas multas. Después de lo que han hecho no tienen derecho a disfrutar de su latrocinio como si de un trofeo se tratara. ¡Ojo, que esta especie también abunda en la Península Ibérica!


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