sábado 14.12.2019

Dinero al calcetín

El dato escueto es escalofriante: los españoles reservaron el 24% de su renta disponible para el ahorro durante el segundo trimestre del año. Así no hay economía que mejore su nivel de actividad. La cifra muestra, ante todo, y mejor que cualquier sondeo electoral o de estado de opinión, que los ciudadanos están sumamente asustados, no creen que el Gobiernos vaya a tener éxito en la lucha contra la crisis económica. Es posible incluso que muchos crean que el Gobierno, con sus actuaciones erráticas, lo que está haciendo realmente es empeorar las cosas.

La renta disponible ha tenido un aumento que puede considerarse notable en el segundo trimestre del año y que resulta difícil de entender para un país en crisis, ya que, aún con una tasa de inflación negativa, las rentas de las familias se incrementaron en un 4,3%. A ello han contribuido muchas fuentes de ingresos, desde luego no las salariales, que han caído un 3%, debido al aumento del desempleo. El relevo de los ingresos lo ha tomado sobre todo el sector público con sus transferencias y con la disminución de la carga fiscal. Y también las rentas que las familias reciben por otros lados, como las de la propiedad inmobiliaria o las procedentes de los capitales invertidos, que han aumentado en un 21% sobre el año pasado. Y, en particular, por su cuantía, las procedentes del sector público por prestaciones sociales, que en el segundo trimestre aumentaron en un 14,8% en el último año.

Una de las conclusiones que se pueden extraer de estas cifras no deja en buena situación la paga de los 400 euros que decidió repartir el Gobierno de forma indiscriminada este año, medida que fue severamente criticada por algunos economistas, posiblemente con razón. Esta suma no ha servido, en efecto, para compensar la merma de otros ingresos y mantener el nivel de consumo. Lo que ha hecho la mayoría de la gente ha sido utilizar ese dinero para aumentar las reservas del calcetín, reacción que tiene cierta lógica si el entorno económico y las expectativas que se manejan son de corte pesimista, como ha sucedido de forma creciente en el último año y medio. Aquella idea, que podría haber sido una buena idea si los recursos repartidos se hubieran utilizado para alimentar el circuito de la economía, parece haber devenido en algo totalmente contrario, ya que ha sumado recursos para el ahorro y, sobre todo, ha acelerado el desequilibrio fiscal del Estado, con un aumento preocupante del déficit.

La reacción de los españoles ante la crisis en estos últimos meses queda bastante bien descrita con tres cifras: aumentaron la renta disponible un 4,3%, disminuyeron el consumo final un 8,6% y aumentaron el ahorro en un 87,5%. Este aumento tan descomunal del ahorro es el que ha conducido al 24,3% de tasa de ahorro (porcentaje de la renta que se destina al ahorro) en el segundo trimestre del año en curso. No se conocía una cifra de esta magnitud en toda la serie de datos que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), un dato más que avala la sensación de que esta crisis económica no tiene precedentes históricos ni por sus rasgos ni por la intensidad de algunos de sus reflejos estadísticos. Con tasas de ahorro de esta magnitud es difícil que una economía prospere.

Se puede decir que después de las alegrías y posiblemente las irresponsabilidades que caracterizaron la conducta de muchos ciudadanos en los últimos años, con un exceso de gasto y una actitud proclive al elevado endeudamiento para mantener unos niveles de vida por encima de las posibilidades reales, el repliegue puede ser sano, ya que podría restañar las heridas que se abrieron a lo largo de la etapa de prosperidad económica. Es de suponer que lo que puede ser válido a nivel global quizás no lo sea en algunos casos particulares, ya que no siempre los que ahora ahorran son los más endeudados. Pero es probable que en una parte significativa los dos estilos (el endeudamiento excesivo y el ahorro a toda máquina) puedan resultar coincidentes.

En todo caso, lo que perjudica seriamente a la economía es este movimiento pendular y a base de bandazos, que nos hace ir de la expansión a la depresión, en camino de idea y vuelta, que deja en el camino bastantes víctimas. Las cifras, en todo caso, exigen un examen en profundidad a los responsables de la política económica, ya que sus decisiones, por lo general poco meditadas, no han acertado a paliar la crisis económica y mucho menos a encarrilar una salida de la crisis más rápida de lo que sería exigible. En algunos aspectos, incluso las medidas parecen haber agudizado los rasgos más negativos del actual momento económico. Tiene una explicación poco clara que un país con una tasa de ahorro récord se haya convertido en la economía con mayor déficit público de la Unión Europea. Algo no se ha hecho bien.

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