martes 13/4/21

Estrella Digital

El Ajedrez Político Español

Casado y Mañueco

¿Qué está pasando en el panorama político español? ¿Qué estrategias son las que manejan las diversas formaciones políticas? ¿Quién gana y quién pierde en este laberinto de pasiones, traiciones y alianzas? La verdad es que la situación nacional, regional y local, en particular, nos está sorprendiendo sobremanera en el desarrollo de los acontecimientos vividos y, sin la menor duda, los que de forma inmediata nos quedan por vivir.

          Muchos son los malabarismos y extraños juegos de manos que se están apreciando: moción fallida contra el Partido Popular en Murcia y Castilla y León; adelanto electoral autonómico en la Comunidad de Madrid para evitar el golpe de mano contra el gobierno regional de Isabel Díaz Ayuso; moción de censura en el ayuntamiento de Murcia; formación del gobierno autonómico catalán; sangría y ruptura en Ciudadanos que navega desnortado –aquí una cosa, allí otra bien distinta-; fracaso de coalición entre Más Madrid y Podemos para concurrir juntos en las elecciones autonómicas madrileñas; permanente intimidación de Pablo Iglesias, también candidato de Podemos al gobierno regional de la capital de España; Vox crece en expectativas mientras guarda discreto silencio para encubrir sus propias debilidades organizativas internas y, quién sabe que más cosas se urden entre bambalinas en cada formación.

Ya se atisba en la distancia las elecciones generales y todos, sin ninguna excepción, calientan motores, diseñan estrategias, descabezan posibles candidatos, mantienen en la más estricta intimidad conversaciones con otros partidos, elaboran programas, en definitiva engrasan la maquinaria electoral. Queridos lectores lo señalo por mi experiencia en la faena política. Los dos últimos años de una legislatura son momentos de inauguraciones –aunque sólo sea poner una piedra-, se establecen posibles coaliciones post electorales y la batalla comienza.

          Hoy, hay claras varias cuestiones importantes de alcance nacional. Ciudadanos está abocado a desaparecer más pronto que tarde. Su deriva y permanente vaivén y contradicción no es comprensible para el votante. Actuaciones contradictorias según que lugar descolocan al ciudadano de a pié, falta de liderazgo, paupérrimos resultados en las últimas convocatorias celebradas, división interna y falta de confianza en sus posibles aliados lo sitúan en el umbral del 5% necesario para obtener representación.

  Inés Arrimadas, desde su salida de Cataluña para dedicarse a la política nacional, se ha transformado en una política incapaz de interpretar los mensajes de la ciudadanía, ha perdido el norte y ha arrojado incertidumbre, duda, rechazo y falta de competencia en el liderazgo del partido naranja. Albert Rivera, mucho más curtido y experimentado, vio venir al lobo, era consciente de un hundimiento incontestable y, con cierta arrogancia y falsa humildad, se marchó dejando la faena a medias, vamos como Rafael de Paula cuando saltaba el burladero huyendo del morlaco.

La agonía ha comenzado, el epílogo se está escribiendo y, para peor mal, la falta de resultados supondrá el ahogamiento económico del partido, tan necesitado –como todos- de la financiación pública estatal según los sufragios obtenidos. Vaticino que, como ya pasara a UPyD o el CDS, su óbito se producirá por inanición política electoral y financiera.

         No obstante el pastel color zanahoria es apetecible para la izquierda y la derecha. Desde uno y otro lado se torpedea la ya zozobrante e inestable organización, antaño jovial y radiante, hoy lánguida y envejecida prematuramente, de los acólitos que aún le quedan a la locuaz, dicharachera, pero tremendamente desacertada, líder catalana.

De un lado el Partido Popular, acorralado por la derecha por un emergente Vox, intenta hacer saltar la banca centrista adueñándose del único espacio que político que parece restarle. Pablo Casado se juega su futuro inmediato en la batalla de Madrid y, de momento, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida parecen darle un balón de oxígeno, tan necesario como imprescindible, en un partido que mira con ojos tiernos hacia Galicia. En Murcia, Fernando López Miras, y en Castilla y León, el tándem Alfonso Fernández Mañueco-Francisco Igea le han dado un rédito político de capital importancia para su asentamiento como líder de los azules.

No obstante la partida final  se jugará en el año 2023, una nueva derrota electoral podrá ser el punto y final a las aspiraciones del palentino a ocupar el palacio de la Moncloa. Es por eso, que consciente del órdago interno de su partido, necesita crecer y para ello es imprescindible la extinción de Ciudadanos y, si es menester, tender puentes de diálogo a Vox que, por otra parte, no olvida el desprecio de Pablo Casado a Santiago Abascal durante la moción de censura fallida de los verdes el pasado mes de septiembre.

          A la izquierda de Ciudadanos, con enorme descaro y desvergüenza, el PSOE de un radicalizado Pedro Sánchez, intenta cautivar el voto de los anaranjados sanguinas, ya saben de color naranja colorado por fuera y por dentro. Las recientes maniobras socialistas han contribuido a hundir el galeón de los liberales. La operación ha salido mal, en parte, ya que no se consiguió hacer prosperar las mociones de censura presentadas, pero se ha contribuido a arruinar y desacreditar a los centristas.

La falsa moderación del ilustre Pedro contrasta con las relaciones de complicidad gubernamental que mantienen cohabitando, con peleas matrimoniales incluidas, con los podemitas –comunistas a la sazón- siempre dispuestos a negociar con la radical anti España. El partido socialista intenta engañar al votante vistiéndose de un partido de corte socialdemócrata que no es, ni en esencia ni en existencia. Pretenden huir de los frecuentes exabruptos y peroratas de Pablo Iglesias y compañía, pero al que le otorgan reconocimiento, agradecimiento, reverencia y pleitesía. No se engañen, el afán y la ambición del ínclito inquilino aposentado en el gobierno del todavía Reino de España, narcisista, ególatra y soberbio, amén de farsante y mentiroso compulsivo, le llevará a vender a cualquier precio su honra por sentarse en la poltrona.

Evidencias de su felonía, falsedad y negociaciones con las más variopintas formaciones con representación, terroristas blanqueados incluidos, permiten que no sea una sorpresa una nueva deslealtad y engaño. Lo peor es que, con un cinismo insultante, con un tono moralizante descarado y desvergonzado, se presenta como el paladín de nuestra Patria, una España a la que despedaza a capricho con sus erráticas políticas y sus traiciones a los intereses nacionales. La coalición Frankenstein, más familia Adams aunque con ninguna gracia, se impondrá allá donde se pueda ocupar el poder, siempre en la búsqueda perpetua de la inmortalidad en la Historia Universal del Mundo.

          Las sorpresas todavía no han terminado, muchas más recibiremos hastiados por tanta falta de talante y talento, del ejercicio impúdico de la función pública otorgada por el pueblo español, soberano por ley y por derecho de los destinos nacionales. Seamos conscientes de esto y actuemos con prudencia, responsabilidad y consciencia de lo importante de nuestras decisiones electorales. En política no todo vale y nunca el fin podrá justificar los medios empleados.

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