jueves 2/12/21

Casi una década de incredulidad quedó zanjada y callada en unas horas de vuelo. Los “Tigre”, el último sistema de armas del Ejército español, estuvo listo a la hora H del día D. En el mayor compromiso de las Fuerzas Armadas españolas, en el repliegue de Afganistán. Pasada la arena, el sol, las noches heladas y las patrullas extenuantes sobre los inmensos convoyes del repliegue, los “tigres” están otra vez en su guarida, en los llanos manchegos cercanos a Almagro (Ciudad Real).

La base del Batallón de Helicópteros de Ataque (BHELMA) I no tiene nada que ver con un cuartel a la vieja usanza. Inmensas explanadas en las que su tropa, altamente cualificada, está en sus asuntos, repartida entre los ordenados edificios que rodean a la plataforma de operaciones, una pista especial para helicópteros. Hangares, complejos de simuladores, compañías donde se preparan los pilotos, todo está sometido al estepario viento de La Mancha, que no deja oír ningún ¡ardor guerrero!

El sargento Fernando Del Moral es un buen ejemplo. Es uno de los veteranos de Afganistán, uno de los responsables del mantenimiento de este carísimo helicóptero de ataque. Aspecto pulcro, gafas, ni una sola mancha en el uniforme árido de campaña. El helicóptero “Tigre” es un sofisticado aparato que requiere revisiones diarias y que está dotado de un software complejo y, claro, mortífero.

Tras muchas dudas, finalmente el "Tigre" estuvo listo para actuar en el repliegue de Afganistán

Rodrigo Lara, sargento, es uno de los encargados de manejar tanto el aparato como la parte mortífera de este helicóptero con aspecto de coleóptero descomunal. Y lo ha hecho también en Afganistán, aunque no ha podido utilizar el armamento más que en las prácticas al llegar a zona de operaciones. Lara subraya que en Afganistán el repliegue ha tenido una sorprendente falta de incidentes. El teniente coronel Alberto García Romera tiene claro “el valor de disuasión que ha tenido que el “Tigre” estuviera sobrevolando los convoyes. Los insurgentes afganos sabían bien con quién se la jugaban”.


Se la jugaban con un moderno sistema de armas que lleva años de desarrollo hasta que ha podido alistarse en el Ejército español. Un helicóptero de ataque armado con un cañón de 30 mm y cohetes, tan sofisticado que su precio se estima en torno a los 45 millones de euros cada aparato. España ha invertido casi 1.400 millones en el programa “Tigre”. El problema es que las especificaciones HAD (polivalente y anticarros) requerían desarrollo específico. A cambio se fabrican en Albacete, en una factoría que ha establecido Eurocopter, donde también se monta el NH-90 n(tro programa de las Fuerzas Armadas españolas) o el EC-135. Los seis aparatos que ahora mismo tiene el BHELA I no son de la versión definitiva, la HAD. La mala fama de los programas ligados a empresas europeas de armamento y sus retrasos han quedado acallados por el papel que han jugado en Afganistán.

La afilada mirada azul acero del teniente coronel Romera se amortigua con una sonrisa al afirmar que los helicópteros han tenido una operatividad “del 90 %, muy superior a la esperada” en su misión en Afganistán. Es decir, que los tres aparatos han estado en servicio casi permanentemente.
Un servicio duro, explica el sargento Lara, que allí ejerció de piloto: “Las patrullas duraban unas tres horas, un tiempo muy exigente para la concentración que hay que tener manejando un aparato de estos”. Tres horas en las que los soldados que serpenteaban en los interminables trayectos entre Qala e Naw y Herat, estaban más tranquilos. “Esa ha sido nuestra recompensa –asegura el teniente coronel Romera–, que todos han coincidido en que se sentían aliviados al vernos”.


El repliegue de casi 1.000 militares, cientos de vehículos y miles de toneladas de material sensible desde la remota provincia de Badghis hasta la base de Herat ha sido un desafío militar y logístico con pocos precedentes en la historia moderna de las Fuerzas Armadas españolas. Los convoyes ocupaban hasta tres kilómetros, con casi un centenar de vehículos, y el estado de las carreteras y las precauciones de seguridad hacían que el trayecto de 160 kilómetros s e tuviera que recorrer en dos días.

Para custodiar el paso de estos convoyes se tuvieron que hacer operaciones de alto riesgo, como hacer desembarcos aéreos de unidades de infantería para cubrir pasos montañosos peligrosos y , como el de Sabzak. Los “Tigre” cubrieron flancos y reconocieron las carreteras, pero sobre todo ahuyentaron al enemigo. El sargento Lara solo recuerda un TIC (Troops In contact, contacto con el enemigo, en terminología militar), “en que no pudimos encontrar a la amenaza, a quien había disparado a un helicóptero aliado. Seguramente salió corriendo al oírnos”.

Arena, una gran altitud, trabajo con altas temperaturas. Son los peores condicionantes para un helicóptero. “Pero el “Tigre” ha ido mucho mejor de lo esperado”, explica el sargento Del Moral.
Desde la base de Almagro, en el corazón de La Mancha, casi 40 militares se desplazaron para dar sustento a este helicóptero de ataque. Cada aparato necesita una hora de revisión antes de despegar, y dos horas de mantenimiento después de su misión. Aunque parece una barbaridad para tres horas de vuelo, está muy por debajo de su competidor, el “Apache” norteamericano.

Por eso, manos cruzadas sobre la mesa de madera de su despacho, el teniente coronel Romera se puede mostrar ufano de que “todo convoy español, ha tenido un “Tigre” sobre sus cabezas”. El apoyo se ha extendido a ejércitos aliados y variopintos, como el estadounidense, lituano, italiano o afgano.
“Fue bastante fácil gracias a la simulación de que disponemos en la base”, explica el piloto veterano de Afganistán. Cuatro enormes esferas metidas en un edificio moderno son los simuladores, en los que los pilotos cuentan con diferentes escenarios y la reproducción exacta de las cabinas de los “Tigre”, en el puesto de artillero o piloto. Uno de los escenarios que se grabaron fue el oeste de Afganistán.

Teniente coronel Romera: "Todo convoy español ha tenido un "Tigre" sobre sus cabezas

Los “Tigres” no parecen muy peligrosos varados en el hangar, las palas desmontadas y cubiertos a tramos por lonas. En la sala hay casi más ordenadores que destornilladores. Acaban de pasar la prueba de fuego de operar desde el buque Juan Carlos I, el portaviones multifunción de la Armada española. Ahora les espera hacer maniobras en Chinchilla, Almería, o Zaragoza. “Son la estrella de moda”, explica un miembro de la plana mayor del BHELA I. “El único sistema de armas moderno de las Fuerzas Armadas españolas que hasta el momento ha desplegado en zona de operaciones”, subraya el jefe del batallón.

La provincia de Ciudad Real es, en esta zona, una llanada esteparia marcada por el signo de la orden de Calatrava. A siete kilómetros de un corral de comedias, cerca de viñedos y de los ojos del Guadiana, se esconden en un hangar los “Tigres” de Afganistán, en espera de una nueva misión.

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