lunes 12/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

Previsiones turísticas fantasmagóricas y delirantes

turismo

No hay nada peor que la baja autoestima y la falta de confianza para iniciar en lo personal o en lo organizacional un camino de recuperación tras una situación negra, depresiva. O sí: es peor aún la desconexión con la realidad, el engaño sobre el presente y el futuro, el trazar expectativas de ciencia ficción que carecen de cualquier tipo de soporte fáctico, de cualquier apego a la verdad más o menos palpable, vivible.

            Es simplemente de aurora boreal que la ministra Maroto vaticine que el resurgir del turismo se producirá esta misma primavera, partiendo de la base de que, para entonces, podría estar inmunizada hasta el 40% de la población. Y esto, cuando los propios españoles declaran, sondeo tras sondeo, que hasta 2022 son totalmente conscientes de que no podrán viajar como antes del covid-19. ¿Dónde estará, por tanto, esta primavera, el movimiento para los negocios y los ingresos?

            Es delirante, espectral, que se crea oficialmente, sin fundamento, que con el proceso de vacunación en marcha los hoteles volverán a llenarse, como las playas y las terrazas en esas magníficas costas en las que en España, ya desde el mes de mayo, no cabe un alfiler, un turista más.

            No hay infierno ni plaga que cien años dure. Evidentemente. Más allá de la relajación futura de las limitaciones a la movilidad y de otra suerte de restricciones, con el miedo recorriendo aún el mundo, que nuestros país aspire institucionalmente a presentarse como faro de la remontada económica resulta simplemente ridículo (¡ojalá!). Porque no alcanzan a la mitad las familias que confían en que en verano puedan llevar a cabo alguna escapada, porque la Semana Santa se da por amortizada… y porque, más allá de las ayudas que, a trancas y barrancas, aún emanan de los poderes públicos, los ahorros se consumen y las cuentas corrientes tiritan.

            Un gobierno central (y algunos autonómicos) que no ha hecho los deberes, que ha llegado tarde, que no ha sabido rectificar, que ha circulado con luces cortas en plena avería, no puede ni debe engañar a los ocupantes del coche sobre el punto de destino y las condiciones en las que se alcanzará. Sería aumentar más si cabe la frustración, el estrés, la ansiedad… el encabronamiento. Sería desestabilizar, aún más, a un país emocionalmente muy muy tocado. 

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