sábado 5/12/20
EDITORIAL

Feminismo, cambio climático y astracanadas ministeriales

Uno de los grandes problemas de España es la arribada al poder, a las altas instituciones del Estado, por supuesto a Ministerios, de políticos indoctos, completamente faltos de instrucción. Peor aún: impúdicos a la hora de exhibir su ignorancia, no orgullosos ni ufanos pero sí enteramente insensibles ante el ridículo que provoca su falta de formación.

Esta semana se ha desatado una oleada de lógicas burlas por el hecho de que, en medio de la cruenta crisis sanitaria y económica que padecemos, la titular de Igualdad, Irene Montero, le haya echado la culpa al cambio climático de cebarse, como fenómeno, contra las mujeres, y por tanto de contribuir a la discriminación que éstas siguen sufriendo todavía en la sociedad, en muy diversos ámbitos, y especialmente en continentes como el africano.

Asociar de forma simple y directa los huracanes o los terremotos o las sequías endémicas con el daño a la mujer por el hecho de serlo no es que sea una ocurrencia, o una astracanada, o un disparate se mida por donde se mida… es que retrata en su dimensión intelectual, ante el espejo de toda la ciudadanía, a quien perpetra semejante ‘reflexión’.

Que el planeta Tierra sufre un proceso de calentamiento global con consecuencias muy negativas para la vida (vegetal, animal, humana) es algo indiscutible. Que en torno al cambio climático se han disparado incesantemente los dogmas, las doctrinas sin certificar, las consignas y los eslóganes vacíos y gratuitos, también.

Dicho lo cual, la lucha por la Igualdad real de la mujer es un desafío tan colosal, tan prioritario, tan inacabado… que precisamente quienes desde su falta de experiencia y de formación se aventuran con sus barrabasadas verbales, aupadas en la atalaya del poder, deberían pensar en las lesiones tan injustas y a la vista de todos que producen a mujeres verdaderamente instruidas y que, por desgracia, engrosan las listas del paro o malviven en la precariedad laboral. Tampoco a ellas les gusta ser insultadas por una Ministra. Porque ellas son las especialmente insultadas con las referidas y majaderas ecuaciones de ‘pensamiento’.

 

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