viernes 7/8/20

Un canto al valor

La historia de Lisa Lovatt-Smith, ex editora de la revista Vogue, no es una historia cualquiera. Es la biografía de una mujer que teniéndolo todo, fama, prestigio, una vida social intensa, lo abandona para irse a vivir a Ghana. Un país donde la pobreza tiene rostro de mujer, tal y como ella misma señala en su libro "Mañana quién sabe", de la editorial Turner, y cuyos beneficios van a parar a la organización "OrphanAid Africa". Que fundó en el 2002, con el fin de garantizar que ningún niño tuviese que crecer en instituciones sin cariño, sin amor, y sin perspectivas de futuro.

La razón por la que traigo a Lisa a esta página es porque hay vidas que merecen ser contadas, conocidas por el público, por lo que tienen de sorprendentes, y que pueden servir de guía a quiénes dedican la suya a ayudar a los más necesitados. A esos miles de voluntarios, de todas las edades, que sacan tiempo de donde no lo hay para atender a quiénes por esas jugarretas del destino se ven avocados a recurrir a los servicios sociales, a los bancos de alimentos, o a lo poco o mucho que sus vecinos y amigos pueden proporcionarles para poder salir adelante. Más ahora que la crisis ha dejado un reguero de penurias, de desahucios, de un paro permanente que les impide soñar.

A Lisa la conocí recientemente en la embajada de Italia en Madrid, donde presentó su libro, y de ella me llamó la atención la expresión de sus ojos, inmensamente azules, transparentes, risueños, y cómo de la noche a la mañana su vida de lujo y glamour dio un vuelco total hasta convertirla en la mujer que hoy es. Un torbellino que vive por y para los demás, sin importarle las adversidades a las que ha tenido que hacer frente desde que decidió emprender un viaje, de la mano de su hija Sabrina, a un país en el que se ha convertido en un icono de la generosidad y de la solidaridad. Conceptos en los que ha basado su propia vida, y a los que no piensa renunciar porque sabe que si lo hace serán muchos los niños que tendrían que volver a esos orfanatos siniestros de los que ella les sacó, con el fin de que puedan vivir con la vista puesta en el futuro. Un mundo que Lisa conoce bien desde su más tierna infancia. Cuando separados sus padres, ella fue acogida por una familia, hasta que la madre encontró el equilibrio económico necesario para recuperar a su hija, que llegaría a convertirse en una afamada periodista. Amiga de personajes de la talla de Karl Lagerfeld o de Mario Testino, con los que trabajó mano a mano en París, en Londres, en Milan, hasta que desbordada por la rebeldía de su hija Sabrina decidió hacer con ella un viaje a Africa, con el fin de que conociera lo privilegiada que era por vivir donde vivía. Ah! porque me olvidé decir que Sabrina era adoptada, pero no por ello menos querida y mimada.

Lisa vive por y para los demás, sin imporle las adversidades

Cautivada por los olores y los colores de Ghana Lisa decidió quedarse una temporada más con el fin de ayudar a esos niños que habiendo sido arrancados de sus familias eran llevados a orfanatos donde reinaba la desorganización, la corrupción y sobre todo la necesidad. Allí comenzó la que sería su segunda y más gratificante vida. Allí fue donde comenzó una labor que es la esencia de su obra: conseguir becas a los adolescentes que trabajaban casi como esclavos para los dueños del orfanato.

Hoy Lisa vive con su marido y sus cinco hijos, adoptados o acogidos, en una choza de barro, dedicada a encontrar familias para los niños que las necesitan. Abuela de dos niños preciosos Lisa sigue inmersa en sacar adelante una organización que como bien dijo la famosa modelo Ines de la Fressange, es un orgullo para el género humano.

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