lunes 11.11.2019

La reforma laboral y el Estatut

Mientras el Gobierno y la oposición celebran sus juegos político-florales en relación a la economía sostenible y las reformas estructurales para relanzar el crecimiento y recuperar el empleo, en el horizonte inmediato se perfilan los negros nubarrones de la que parece será la tormenta de fin de año sobre el Estatuto catalán si el Tribunal Constitucional se digna a desvelar de una vez por todas la esperada sentencia pertinente, que, por lo que se va conociendo, o se va filtrando intencionadamente y por entregas, no será satisfactoria para los padres del Estatuto, y para los partidos nacionalistas en particular.

En relación con el debate de las reformas estructurales y la famosa gaseosa de la economía sostenible, está cada vez más claro que la cuestión esencial es la reforma del mercado laboral, con nuevo o nuevos contratos laborales, que permitan la creación de empleos, así como la toma de medidas fiscales y costes sociales para empresas hoy en apuros, y finalmente la intervención pública y concertada para que fluya el crédito bancario con unos intereses razonables. Sin medidas urgentes y de choque en estos tres capítulos no se podrá relanzar, a corto plazo, la economía y la sangría de paro continuará. Pero el nudo gordiano del pacto sobre reformas estructurales permanece en el entorno de la reforma laboral, que el Gobierno empieza a aceptar a la vez que intentan contener a los sindicatos para evitar así la convocatoria de una huelga general que desmontaría el discurso social de Zapatero.

En realidad, la crisis del Estatuto catalán que se barrunta tiene mucho que ver con la crisis económica y laboral, por cuanto todo ello redunda en algo que el actual Gobierno viene despreciando hace mucho tiempo, como es la cohesión nacional y el prestigio de la nación española. Y si la sentencia del Constitucional entra por la vía de la lógica y del sentido común, quedará meridianamente claro que en España no hay más que una nación y un solo idioma oficial, entre otras muchas cosas, como no puede existir por nada del mundo una relación de privilegio o bilateral de Cataluña con el Estado, por la sencilla razón de que Cataluña forma parte de España.

De manera que mientras el Gobierno intenta ganar tiempo con los sindicatos y con su discurso de la sostenibilidad de la economía, que nadie sabe lo que es y que suena a cuentos de las mil y unas noches, como la famosa Alianza de las Civilizaciones de la que nunca más se supo, en el seno del PSOE ya están preparando la enfermería para atender los "daños colaterales" que se pueden derivar de la sentencia del Tribunal Constitucional, a propósito del Estatuto catalán, especialmente en lo que al PSC-PSOE se refiere, y también con relación a la estabilidad del Gobierno de la Generalitat.

Lo más llamativo de las vendas y los paños calientes que la Moncloa y el PSOE preparan para recibir la posible y profunda herida de la sentencia sobre el Estatuto está en que, si se confirma el rechazo a las pretensiones de los nacionalistas catalanes, Zapatero y el PSOE dirán -como no puede ser de otra manera- que se acata la sentencia, y al final parecerá que la derrota del inconstitucional Estatuto será una fracaso de los nacionalistas catalanes y de los catalanistas del PSC, cuando lo cierto será que la derrota lo sería, en primer lugar y sobre todo, de Zapatero, que alentó el disparate y de todo el PSOE que lo aprobó en el Congreso de los Diputados.

Pero por lo que se ve estamos en los tiempos del escapismo. Zapatero huye de la reforma laboral que pretende colar a los sindicatos a cucharadas como si de un niño chico se tratara, y por otro lado empieza a simular que él, su Gobierno y el PSOE no tienen nada que ver con el Estatuto y que todo eso es cosa del nacionalismo catalán y del PSC. Pero por más que disimulen los hechos y la realidad les llegarán a los ciudadanos con nitidez, al igual que llegaron las mentiras de la crisis económica, o sobre la fallida negociación con ETA. Y por mucho que todo esto pretenda ser enterrado con los fastos de la presidencia de la Unión Europea Zapatero, el Gobierno y el PSOE se van a equivocar porque la presidencia pasará en seis meses, y en el mes de julio regresará la cruda y dura realidad.

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