sábado 14.12.2019

De quién es el "terrible error"

Cuando Esperanza Aguirre anunció el pasado martes que no asistiría al Comité Ejecutivo Nacional del PP, Mariano Rajoy debió inmediatamente ordenar a la presidenta del PP de Madrid que se personara en la reunión, o que se atuviera a las consecuencias. Y, en el caso de insistir Aguirre en escapar de lo que ella ha llamado "una encerrona", Rajoy debió anunciar durante la celebración del comité medidas disciplinarias contra ella, y la implantación de una gestora en el PP de Madrid. Todo ello aprobado por la inmensa mayoría de los dirigentes del partido que allí estaban convocados, para poner fin a la permanente desestabilización del PP que lidera Aguirre desde hace años.

Pero a Rajoy le volvieron a temblar las piernas y Cospedal, que a buenas horas califica de "error terrible" la desafiante ausencia de Aguirre, quedó paralizada sin saber qué hacer y cómo reaccionar. Una vez más, el "terrible error" fue de Rajoy, humillado por Aguirre ante el pleno de los dirigentes del partido, los que no salen de su asombro por la debilidad de su líder y que asistieron a una fallida reunión en la que pensaban que el PP saldría cohesionado y fortalecido cuando lo que ha ocurrido ha sido, precisamente, lo contrario. La autoridad de Rajoy quedó, por enésima vez, en entredicho porque sus letanías sobre lo inadmisible quedaron en papel mojado ante la ausencia -ésa sí que "inadmisible"- de Aguirre en esa reunión a pesar de su cargo de presidenta del PP de Madrid, y de su responsabilidad en la vigente crisis del partido.

Y todavía la desafiante Aguirre se pavonea y mofa de Rajoy y Cospedal y, al ser interrogada por las palabras de la secretaria general, declara que ella cuando lleva zapatos planos no se mete en polémicas, como diciendo que si se pone los tacones de aguja será para ponérselos en la yugular a los líderes del PP. Y así estaban las cosas al día de ayer mientras crece el desconcierto general y la indignación entre dirigentes y militantes del PP, especialmente por la incapacidad de Rajoy para ponerle el cascabel a la gata madrileña.

La desafiante Aguirre que, dicho sea de paso, está políticamente abrasada y puede que en las puertas del asalto final del combate que libra abiertamente con Rajoy porque ha llevado la situación a tal extremo que, o cae ella o cae Rajoy. O caen los dos, porque en las terminales mediáticas de Aguirre -su particular force de frappe- se han puesto a trabajar a gran velocidad para implicar al propio Rajoy en el 'caso Gürtel', mientras airean la teoría oficial de que la dinamitera Aguirre es la pobre víctima de la situación y el malo de la película y corresponsable del "derby madrileño" -como ahora llaman los barones periféricos del PP a la crisis interna- no es otro que Gallardón, quien también sale muy tocado en este inagotable culebrón.

Es tal la excitación que se vive en el interior del PP y tan imprevisibles sus próximos episodios y consecuencias, que ya hay quienes apuestan, cada vez con más insistencia, por la entrada de José María Aznar en el escenario del drama, para imponer orden, sustituir a Rajoy y colocar a Rato al frente del PP, a Zaplana en Valencia y a Pizarro en Caja Madrid.

Ése es el plan que manejan los verdaderos conspiradores e inductores de la crisis interna del PP que, subidos en la demencial ambición de Aguirre, la han utilizado como un torpedo humano para estrellarla contra la base del puente de mando del buque insignia del PP, liquidando al capitán Rajoy y recuperando el que fue, en vísperas de las elecciones generales de 1996, el llamado "espíritu del balcón de Carabaña", del que existe una inolvidable fotografía que los jefes de la conspiración quieren reeditar con motivo de la dramática situación que ellos mismos han sabido provocar.

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