sábado 14.12.2019

El nuevo mundo de Obama

El estreno del presidente Obama ante la Asamblea General de la ONU ha marcado el inicio de un tiempo nuevo en las relaciones internacionales en el que Estados Unidos parece renunciar a su liderazgo solitario en pos de una iniciativa multilateral, que incluye entre sus objetivos principales la lucha contra la crisis económica, el cambio climático y la no proliferación nuclear. Para todo ello Obama solicita el apoyo de otras naciones y muy en especial de sus aliados, a los que invita, por un lado, a reforzar la presencia militar de la OTAN en la guerra de Afganistán y, por otro, a redoblar los esfuerzos para lograr la paz en Oriente Próximo.

La nueva presidencia americana de Obama se ha presentado en la ONU con un cierto candor y tintes progresistas, ofreciendo un discurso completamente contrario al belicoso y unilateral de su antecesor, George W. Bush, al que Obama ha rectificado toda su política exterior y militar, anunciando la pronta retirada de sus tropas americanas desplegadas en Iraq, poniendo fin a las torturas y a las cárceles secretas e ilegales como la de Guantánamo, y anulando el despliegue del escudo antimisiles que Bush decidió instalar en el este de Europa.

En su entusiasmo progresista, y suponemos que en referencia a Kosovo, Obama ha declarado en la ONU: "Estados Unidos jamás renunciará al derecho de los pueblos a decidir su propio futuro en cualquier lugar del mundo". Unas palabras desmedidas que habrán sido acogidas con mucho alborozo por los independentistas vascos y catalanes del territorio español, así como de otros países de Europa y de todo el mundo. Lo que alentará no pocos problemas en muchas naciones, como en Marruecos, donde se puede suponer que Obama apoya la independencia y soberanía del Sahara por el que lucha el Frente Polisario frente a la dictadura del Rey Mohamed VI, un buen y tradicional aliado de Washington.

Pero una cosa es pregonar la no proliferación nuclear y otra anunciar una nueva etapa de desarme de EEUU y Rusia, que tienen los arsenales más grandes del mundo. O hablar del cambio climático sin reducir emisiones de CO2, o de paz en Oriente Próximo sin frenar el expansionismo de Israel, o de paz mundial sin anunciar una retirada en Afganistán, así como la de Iraq. De manera que discurso bonito e idealista el de Obama pero poco realista y muy difícil de llevar cabo, como bien lo sabe él mismo o como muy pronto lo sabrá.

De lo que nunca hablan los presidentes americanos, ni Obama tampoco, es de la necesidad de poner fin al "chantaje" y la dependencia que sufren las naciones democráticas del mundo por los dictadores que hoy gobiernan los países productores de petróleo. El espectáculo dado por el coronel Gadafi rompiendo en la Asamblea neoyorquina la Carta fundacional de la ONU, es todo un símbolo de la impotencia e hipocresía de las grandes democracias como Estados Unidos, que mantienen a Cuba con un embargo comercial infame desde hace ya cuarenta y siete años y ofrece relaciones de privilegio a unas dictaduras feroces como las de China, Arabia, etcétera. El petróleo continúa siendo el gran "tabú", el motor de guerras como las de Afganistán e Iraq, y el mágico escudo que ofrece la impunidad de las más repugnantes dictaduras, de las que ninguna superpotencia como Estados Unidos se atreve a hablar en la ONU, o cualquier otro lugar.

Naturalmente, el primero que ha acogido con entusiasmo el discurso del presidente Obama ha sido el jefe del Gobierno español, Zapatero, quien aprovechó su intervención en la ONU para denunciar al golpista hondureño Micheletti, pidiendo democracia para ese pequeño país que, naturalmente, no tiene petróleo como Arabia Saudí, los Emiratos, Argelia, Libia, Iraq, Afganistán (por los oleoductos), Gabón, Guinea Ecuatorial, etcétera. De lo contario, tanta firmeza, por justa que sea, que lo es en el caso hondureño, no se vería por ninguna parte. En las relaciones internacionales, el petróleo es y seguirá siendo la pieza fundamental.

Comentarios