viernes 18.10.2019

El horror a la libre competencia

Estos últimos días hemos asistido a una demostración práctica de la escasa simpatía que despierta en los políticos el mercado libre ... aplicado a ellos mismos. La iniciativa de crear un frente de izquierdas sin contar con Podemos, impulsada por Garzón, debido a que Pablo Iglesias lo rechazó, ha puesto de los nervios a Pablo Iglesias que, aunque es de letras, sabe calcular y conoce el irreparable daño que le puede hacer esa candidatura en sus aspiraciones de ser la segunda o tercera fuerza política de España. Su propósito es digno de alabanza: merendarse al PSOE, dejar a los viejos comunistas exangües, y recoger todos los votos de izquierda y de centro izquierda, "Je suis la gauche", de la misma manera que el rey de Francia decía "Je suis la France".

Al PP tampoco la gustó nada que acudieran al mercado los nuevos Menestrales de Ciudadanos, diciendo que tenían la fruta más fresca y más barata, y no te digo a Rosa Díez, que ha comprobado cómo la aparición de más competidores en la plaza ha estado a punto de fagocitarla.

Entre las víctimas del libre mercado político el más afectado es el del ciudadano Monedero, que ve con claridad que Podemos es la salvación de España, De Europa y del mundo.

Pedro Sánchez, que acaba de hacer importantes pactos con los de Podemos, les descalificó cuando comenzaban a descargar la mercancía, es decir, que excepto Ciudadanos, que ha mantenido bastante respeto a la libertad de oferta, la mayoría sueña con ser propietarios de un estanco o de una farmacia de las de antes, algo sin competencia en varios kilómetros a la redonda, y con libertad para poner horarios sin tener en cuenta la comodidad de los clientes. Entre las víctimas del libre mercado político el más afectado es el del ciudadano Monedero, que ve con claridad que Podemos es la salvación de España, De Europa y del mundo. Lo tiene tan claro que los viejos comunistas con sus jóvenes líderes como Garzón le han suscitado un ataque de nervios de los que se atienden en urgencias. Es lo malo del quiste totalitario que todos llevan dentro.

El horror a la libre competencia
Comentarios