miércoles 23.10.2019

Los demás están equivocados

Jean Paul Sartre se sacudió a Heidegger para eliminar la conciencia, lo cual es maravilloso a la hora de pedir amnistía total para uno mismo, y además, ya nos anticipó que el infierno son los otros, es decir, que la existencia humana no puede desprenderse de la convivencia.

Lees la Prensa, escuchas la Radio, y llegas a la conclusión de que Sartre nunca ha estado más vigente que en esta hora de España, donde todos se declaran demócratas, y todos están convencidos de que los que no piensen como piensan ellos son estúpidos. Pensar que el otro es estúpido es el primer paso para admitir algunas fórmulas de ostracismo, algunas maneras de apartamiento que, en los totalitarismos, llegan a la aniquilación. La degradación es lenta, pero segura, y algunas de las propuestas de los totalitarismos modernos me producen miedo, pero no miedo metafórico, sino miedo real.

El problema no estriba en la singularización de la estupidez, sino en la generalización. Comienzas descubriendo que un determinado contrincante político es bobo, por no pensar como piensas tú, y el siguiente paso es que toda la formación política a la que pertenece el bobo esta compuesto de un rebaño de bobos. ¿Quién se resiste a no salvar a la patria de un rebaño de bobos?

Mis compañeros periodistas -algunos amigos-, mis representantes políticos -en el Gobierno o en la oposición- muestran unos síntomas de forofismo que comienzan a asustarme, pero menores de los aspirantes a pertenecer a la casta a la que critican, porque la demagogia es tan fértil en tiempos de escasa prosperidad como el amor en tiempos del cólera.

¿Qué nos ha sucedido? La intransigencia siempre ha sido una tentación que estaba ahí, como la lujuria, lo que no garantizaba la gran orgía, pero estamos ya en una cama partida en dos, con el colchón desgajado, los muelles azuzando la intolerancia de todos, y sustituyendo los gritos por la razón. Y lo peor son los susurros en la forma que incitan al grito. Esas demagogias groseras vestidas de discreción que son aceptadas como si fueran bombas de chocolate. Ni siquiera yo mismo me escapo: los demás están equivocados.

Los demás están equivocados
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