lunes 3/8/20

Cuando el futuro diga aquí estoy

El año 2010 nace abastecido de problemas antiguos, cuestiones de arrastre, a los que se suman dos realidades nuevas que es preciso digerir: la presidencia semestral española de la Unión Europea y la proclamada inseguridad internacional que también nos afecta y que ha encontrado en la alarma lanzada por Rubalcaba sobre los posibles planes terroristas de ETA un plus de inquietud. ¿Calculada?

Zapatero se anuncia a sí mismo, a escala europea, como un producto milagroso del destino. En su agenda lleva un cupo de iniciativas para "hacer fecundo" su mandato europeo, pero lo primero que ha hecho es respaldarse en una consulta de expertos pasados por mil añejas experiencias europeas, a los que intenta dar carácter de oráculo permanente mientras desempeña su compromiso al frente -es un decir- de la UE.

A Zapatero hay que reconocerle una audacia que pasa por el mayor de los desafíos al sentido del ridículo. Y no sólo por lo que anuncia, augura o pronostica, sino por el relieve que intenta dar a sus necesidades de agenda, basadas ahora, durante el semestre que acaba de iniciarse, en el tradicional calendario de Bruselas, sólo que esta vez modificado por el Tratado de Lisboa, que hace de la presidencia de turno de la UE casi un trámite convencional. En Bruselas se ha instalado un presidente con carácter de permanencia, que no eventual: el señor Rompuy.

Con Jacques Delors, Felipe González y Pedro Solbes, ZP da la impresión de solemnizar su escenografía política mediante un concurso de actores retirados, idóneos, para la mirada ingenua, como una corte de próceres supuestamente dotados con el don de consejo. No es la primera vez que el señor Zapatero se hace acompañar sin que tal concurso se refleje prácticamente en algo concreto. ¿Quién no recuerda, al inicio de la problemática actual, aquel "gabinete de crisis" que nada resolvió y del que no volvió a saberse?

Lo que sí nos queda cerca es la inseguridad, no sólo la social y económica, sino esa otra que rodea a España por el norte y por el sur, la que viene trompeteada por Rubalcaba y la que proyecta su siniestra sombra sobre Al Andalus (léase España). A ver si por fin el ministro del Interior nos aclara qué sentido tuvo el famoso "chivatazo" del bar Faisán, qué fue de los verdaderos responsables de aquella confidencia a ETA para librarla de sobresaltos policiales en plenas negociaciones del año 2006 y cuántos secretos siguen almacenados en los expedientes judiciales de la Audiencia Nacional.

En cuanto a lo que Al Qaeda nos ha "prometido" en más de una ocasión, recuérdese que tiene una parte de su colonia esparcida por la geografía española, durmiente esa yihad hasta que la despierten los arrullos de los jardines de Córdoba o las nostalgias de la Alhambra, con todas esas flores "regadas" por las ventoleras de Afganistán o los desiertos del Yemen.

A lo mejor podemos consolarnos con la visión que suministran las lupas poderosas del Centro Criptológico Nacional, puesto en marcha en la etapa de Jorge Dezcallar, hoy embajador en Washington, o con las orejas sutiles de Sitel, si es que ambos sirven para algo más que asaltar móviles inofensivos o intimidades poco peligrosas.

Se teme, o temen algunos, que la presidencia europea de turno que Zapatero empieza a desempeñar resulte golosa para ETA a los efectos de armar ruido. Puede ser, aunque eso no es tan seguro si ETA, presionada desde dentro y acuciada por un nuevo enfoque de sus intereses, llega a la conclusión estratégica de que el zapaterismo en el Gobierno le conviene más que otra situación. Sin descartar, naturalmente, que un cierto victimismo relacionable con las últimas ofensivas contra la banda le convenga al propio Zapatero como prueba de lo que sabe arriesgar y arriesga en pro de sus acciones contraterroristas. Sería el dato del generoso precio sacrificial que sabe pagar. Todo puede ser cuestión de elegir la víctima en el asesinato o en el secuestro. ETA sabe seleccionar.

Comentarios