domingo 08.12.2019

Rajoy no puede ser tan tonto

Tras la depresiva rueda de prensa del viernes pasado, después del Consejo de Ministros, tiene que haber algo más. Rajoy no puede querer que lo ahorquen y que, además, lo hagan con su propia soga. No es tan tonto. ¿Qué busca, entonces, presentando un panorama tan desastroso como el que presentó? Un panorama, por cierto, que ha desinflado a los propios militantes del PP. Tras algo tan demoledor tiene que haber algo más.

Rajoy considera que a España le conviene presentarse en Bruselas como un país que cumple su palabra

Y ese algo más es una estrategia política de gran calado. Rajoy considera que a España le conviene presentarse en Bruselas como un país que cumple su palabra y para ello necesita dar una imagen de España complicada que exige flexibilidad. Y, por eso, hace que llora. Se hace el desvalido. Sitúa a España contra las cuerdas. Es lo contrario que hacía el Olvidable ZP. Aquel sacaba pecho, éste gimotea. Rajoy necesita sacar el mayor margen posible con el déficit y, en consecuencia, tolerancia en los recortes y en los ajustes y se hace el desesperado. De hecho, las subidas de impuestos anunciadas no son más que un nuevo ofrecimiento a las autoridades comunitarias a cambio de un mayor desahogo en el déficit. No puede ser de otra manera. Rajoy no puede ni quiere suicidarse a dos años y medio de las nuevas elecciones.

Hay quien dice, por otra parte, que ese catastrofismo lo ha llevado a cabo en clave nacional. Como una nueva manera de preparar a la opinión pública para que piense que todo es un drama y, a partir de la calamidad, mejorar las expectativas y recuperar así apoyos de la ciudadanía para dentro de dos años.

Y, en principio, no deja de estar mal pensada estrategia política. Porque, si se piensa, fríamente, Rajoy no tenía otra salida. Tratar de vender un dato positivo, un rayo de esperanza, tras la demoledora EPA era una empresa condenada al fracaso. La desesperanza de más de cinco años de crisis está haciendo que los españoles ya no se crean nada y Rajoy ha querido llevarlos al sótano. Abajo del todo. Sabe que pronto empezará a haber señales de recuperación y quiere que se dejen notar y le crean. Porque de hecho hay señales. La semana pasada el Banco de España dio el comportamiento del PIB en el primer trimestre del año (-05%) que muestra una desaceleración del ritmo de caída de la economía, ya que en el último trimestre de 2012 fue del -0,8%.

Pero también es cierto que no deja de ser una maniobra arriesgada. Es tan arriesgada que, en primer lugar, no es fácil de creer. De hecho, la oposición se ha crecido, los genios del análisis político han recargado pilas y su propia militancia se ha derrumbado. Y no es fácil de creer, además, porque ya había quien hablaba de brotes verdes. Con razón porque la prima de riesgo ya está en los 300 puntos y bajando. Y, a fin de cuentas, España no está peor hoy que la semana pasada. España está mejor que hace seis meses. Pero la EPA nos devolvió a la eterna España cainita y había que aprovecharlo.

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