domingo 05.07.2020

Honduras, cercada por los corruptos

No cejan en el acoso ni levantan el cerco tras de los resultados electorales del domingo, de los que ha salido un nuevo presidente para Honduras. El mazo de gobiernos más corruptos de Sudamérica -comenzando por la Venezuela de Chávez y seguida por Paraguay, Ecuador, Nicaragua, Honduras (la del truncado cuatrienio del sintónico Zelaya), Bolivia y Argentina- se mantienen en sus trece, escuchando como quien oye llover los resultados de las urnas y el parecer de los observadores internacionales que supervisaron la consulta, celebrada conforme el calendario constitucional de aquella república.

La internacional populista sudamericana, abanderada por el gorilismo corrupto que hunde sin pausa la prosperidad y las libertades de Venezuela, ha tenido una primera reacción adversa a las urnas hondureñas y al conjunto del sistema interamericano con la ausencia de su núcleo duro en la Cumbre Iberoamericana de Lisboa, a despecho del endoso que hizo de su causa el Gobierno de Rodríguez contra la destitución de Manuel Zelaya por el Congreso Nacional y por la Corte Suprema de Justicia, al haber querido modificar la Constitución para remover el límite temporal -de una sola legislatura- que ésta establece a los mandatos presidenciales.

Fue Zelaya quien quiso dar el golpe con la complicidad del Ejército, que no se avino a la maniobra y cuya jefatura intentó cambiar, como hizo Evo Morales en Bolivia para modificar la Ley Fundamental de su país por medio de una asamblea constituyente que, a mano alzada, le permitió hacer la misma operación totalitaria que Hugo Chávez, puesto que la falta de alternancia en el poder se resuelve mecánicamente en la consolidación de los vicios que constriñen las más diversas libertades: es decir, las libertades propias de las democracias liberales, que resultan, por propia definición, incompatibles con las democracias socialistas, que no son para la libertad sino para la igualdad.

Pero lo genuinamente escandaloso de la situación postelectoral en Honduras es el "sostenella y no enmendalla" de la política española en esta cuestión, pese a que Panamá, Costa Rica, Perú y Colombia se hayan alineado en la propia postura de Estados Unidos, cuya única condición expuesta al respecto fue la de la transparencia de la consulta. No resulta verosímil que un enfoque de esta naturaleza tenga presentación y hechuras aceptables como referencia para los gobiernos de la Unión Europea, en el curso del semestre de la presidencia española. Ni ello ni tampoco la política de paños calientes con la dictadura comunista cubana, donde la transparencia electoral no hace falta porque las urnas no existen.

No hay que extrañarse sin embargo de tamaño despropósito. Es la marca de la casa. De la misma manera que en general no se suele distinguir entre ideas y creencias, porque en general no se suele leer a don José Ortega, nuestro presidente del Consejo de Ministros -cuyas lecturas son un misterio- no distingue tampoco entre ideas y ocurrencias. Como aquella, tan atropellada, de decir a los del tripartito catalán que aceptaría lo que en materia estatutaria le enviaran desde Barcelona. Hizo lo mismo que don Manuel Azaña, pero éste rectificó. Claro que rectificar es de sabios.

Comentarios