miércoles 27/10/21

Cerrado por nieve

A este paso habrá que decidir quedarse en casa y cerrarlo todo cada vez que los meteorólogos prevean una nevada. Quizás sea algo así como la inevitable consecuencia de vivir en un país que es y, sobre todo, se siente meridional. Es mejor pensar eso que concluir que en demasiados sitios existe una incapacidad congénita para gestionar lo que no sea estricta normalidad; comenzando por el vasto y costoso magma público teóricamente encargado de atender situaciones excepcionales, pero sin eludir que algunos en el ámbito privado tampoco lo hacen mejor.

Desde el atardecer del lunes, buena parte de Cataluña ha vivido consecuencias en principio impropias para uno de los territorios punteros de la Unión Europea, no mediando un desastre natural: extensas áreas sin suministro eléctrico, miles de coches y camiones inmovilizados, decenas de carreteras cortadas, líneas ferroviarias interrumpidas, aeropuertos total o parcialmente cerrados... panorama que, en cierta medida, persistía sólo atenuado 24 horas después. Y, por extraño que suene, todo ello a causa de una nevada que, pese a ser inusual en aquellas tierras, fue profusamente anunciada y quedó muy lejos de las que suelen producirse varias veces, la mayoría de inviernos, en muchos países del centro y norte del continente.

Es comprensible, por tanto, que muchos catalanes no hayan estado las últimas horas precisamente de buen humor. No sólo por lo que les haya tocado sufrir de forma directa -aunque lógicamente también-, sino por el espectáculo político desatado tan pronto dejó de nevar. Por una parte, abundancia de responsables compareciendo en busca de foto y asegurando que la cosa estaba controlada, mientras cualquiera podía experimentar en carne propia o ajena cómo la situación derivaba hacia el caos. Por otra, profusión de mensajes contradictorios y muestras inconfundibles de descoordinación. Y, en último término, más de un silencio clamoroso, tanto de dirigentes públicos como de voces autorizadas de aquellas empresas que estaban dejando de prestar, todo o en parte, el servicio contratado y pagado por empresas y ciudadanos.

Sólo les faltaba contemplar cómo el día siguiente -ayer- voces autorizadas del Ejecutivo tripartito de la Generalitat y el principal partido de la oposición abrieron un turno cruzado de reproches y acusaciones cuya aportación más brillante ha sido argumentar que si quienes gobiernan ahora lo han hecho mal, quienes les precedieron lo hicieron todavía peor.

Lamentablemente, este tipo de episodios recuerda la cínica frase de quienes optan por abandonar un país imposible: el último, que apague la luz... si no se la han cortado, cabría añadir.

Comentarios