Viernes 17.08.2018

De Montoro a Montero, siempre cuesta arriba

El Gobierno Sánchez habla sin rebozo de subidas de impuestos. De las intenciones programáticas de un gobierno (en el caso del Gabinete Sánchez no se puede hablar de programa, a pesar de haber nacido de una moción de censura constructiva) en el único asunto que sé que van a cumplir es la subida de impuestos. Desde las reformas de Fuentes Quintana y Fernández Ordóñez, se ha cumplido siempre.

La ministra de Hacienda María Jesús Montero, de Montoro a Montero, ha anunciado nuevos hechos imponibles para varias actividades, que no falte la banca, que somos de izquierdas, y ha asumido la torpe iniciativa de su antecesor de penalizar a las empresas tecnológicas. Se va a penalizar más lo digital, eso que ellos mismos dicen que es el futuro; se va a penalizar más a los bancos, como una especie de venganza por la ayudas que recibieron para no dejar sin ahorros a todos y cada uno de los españoles, y con ello se va a encarecer el crédito que es necesario para que la economía crezca. Por no hablar de otros impuestos con coartada, como los ambientales

El nuevo, viejo, argumento para justificar las subidas de impuestos es que el sistema de pensiones de reparto genera actualmente un déficit de 18.000 millones de euros, lo que lo hace insostenible. Volvemos a enunciar la figura del impuesto finalista, otro de los Guadiana fiscales con que nos amenazan de cuando en cuando. Con todos los gravámenes que se anuncian, la recaudación se quedaría en una tercera parte de esos 18.000 millones de déficit.

Hacienda no puede ocultar, pero hace lo posible por que pase inadvertido, un dato muy significativo. Los pensionistas pagan por IRPF al año unos 10.000 millones de euros, que el Estado hace transitar desde las cuentas de la Seguridad Social a las cuentas del Ministerio de Hacienda, pasando por la faltriquera de los pensionistas. Si tanto les preocupa el déficit de las pensiones y si van a redescubrir los impuestos finalistas, bastaría con legislar que el IRPF de los pensionistas lo reingresen en la Seguridad Social. Más de la mitad del déficit, resuelto de un plumazo, sin tener que aumentar los hechos imponibles a go-go.

De Montoro a Montero, ni una sola idea original. Ni una medida audaz de ahorro público. Ni un programa real y factible de lucha contra el fraude, que exija resultados al muy corporativo cuerpo (perdón por la tautología) de Inspectores. Montoro le ha pasado a Montero, junto con esa horrible cartera de cuero rotulada, un Presupuesto hecho y aprobado, que el Gobierno ha aceptado sin pestañear. ¿No es sorprendente?

Ante esta situación, el contribuyente, antiguamente ciudadano, mantiene vigente aquello de tú subes los impuestos y yo pido la cuenta sin IVA. A ver quién puede más.

De Montoro a Montero, siempre cuesta arriba