martes 21/9/21

Nací mujer en un mundo de hombres y aunque la mayoría de las religiones insista en tratar de anularme, seguiré enorgulleciéndome de mi maravillosa condición le pese a quien le pese. ¿Cómo entender a aquellas instituciones o sistemas de creencias que infravaloran y castigan a las personas por una simple cuestión biológica? Al no lograr mi entendimiento, es obvio que tampoco merecen mi respeto.

Quizá ese lamentable empeño patriarcal resida en que demasiados hombres a lo largo de la Historia se nieguen a admitir ese poder que nos embarga: el poder femenino (que no voy a entrar a definir porque entenderlo es tan sencillo como que muchos miren más allá de sus propias narices y prejuicios).

Por ello, la caza de brujas no ha terminado, pero ahora adopta otros nombres, otras formas, aunque, en definitiva, en esencia sea lo mismo: un «generocidio», como Mary Anne Warren, muy acertadamente, lo definió. Es decir, la exterminación deliberada de personas de un sexo (o género) en particular. Aunque lo más habitual es utilizar el término «feninicidio» para referirse a los asesinatos injustos específicamente de niñas y mujeres.

En ese generocidio o feminicidio, como ya sabemos, se utilizan estrategias desmesuradas y horribles; sin embargo, a nivel más sutil se encuentra ese afán de enfrentarnos entre nosotras. Y ahí, como contrapartida, aparece el concepto de «sororidad», al que la RAE se refiere como «amistad o afecto entre mujeres» o «relación de solidaridad entre mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento». El patriarcado también busca romper esa hermandad que hace mucho tiempo quizá nos caracterizó más de lo que lo haga ahora, y que nos hace más fuertes de lo que ya somos; por lo que ahí estamos nosotras para identificar nuevamente donde reside el problema y estar más unidas que nunca. ¿Acaso no es obvio que somos más fuertes juntas que separadas?

Llegados al tema del empoderamiento, es decir, de hacer poderoso o fuerte a un grupo social desfavorecido, como en este caso es el de la mujer, es cuando al patriarcado le empiezan a temblar las canillas y entonces afila los dientes más si cabe porque la mujer empoderada es su peor enemigo. Evidentemente, si el patriarcado constituye ese predominio de la autoridad de los varones en una sociedad o grupo social y una mujer empoderada no se somete a esa autoridad, es cuando ese sistema chocará contra un muro, donde ese dominio institucionalizado no conseguirá subordinar e invisibilizar a las mujeres, y será cuando disminuiremos esa lamentable desigualdad estructural injustamente anclada al sexo biológico masculino.

Esta cuestión, aunque permanente a lo largo de la Historia, no deja de ser incomprensible e irracional y sigue impregnando a la especie humana en un siglo veintiuno tan convulso que tantas veces dé la sensación de que hayamos retrocedido en el tiempo. Un ejemplo muy claro lo tenemos en el caso de Afganistán, pero, por desgracia, hay tantos y tantos que nunca acabaría de enumerarlos no solo por su volumen, sino por tantas aberraciones existentes pero desconocidas.

Nací mujer en un mundo de hombres y me siento muy orgullosa de todas esas mujeres que me pusieron las cosas más fáciles de lo que ellas lo tuvieron. Sin embargo, la lucha continúa, esa es la constante pretensión de un patriarcado que manipula tanto a hombres como a mujeres y que solo se extinguirá con la extinción de la especie humana, ya que, visto lo visto, antes dudo que lo haga.

SagrarioG
http://demayorquieroserescritora.com
https://www.facebook.com/demayorquieroserescritora/
https://www.instagram.com/sagrariogescritora/

Comentarios