martes 27/7/21
Poca constancia

El batacazo de Garbiñe destapa las carencias del tenis femenino

Esta temporada la española no ha encontrado la versión de 2015, en la que fue capaz de variar su juego en función del momento. Sin otra fórmula que no sea un golpe ganador rápido, y con un el aspecto mental por mejorar, podría seguir el paso de Ivanovic, Wozniacki o Bouchard

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Garbiñe Muguruza.

Treinta y ocho errores no forzados condenaron a Garbiñe Muguruza en el US Open. La joven tenista se ha alejado de la versión que ejerció a finales de 2015, cuando presentaba muchas más variaciones en su juego. Ahora, como antaño, busca concluir cada punto con dos o tres golpes. Una fórmula a la que ha recurrido la nueva hornada de tenistas, y que produce unos resultados dispares. Eso, aunado al factor mental, ha producido la debacle de tenistas en el pasado como Ivanovic, Wozniacki o Bouchard. Garbiñe peleará por no ser la próxima.

La estancia de Garbiñe en Flushing Meadows concluyó la pasada madrugada tras caer derrotada frente a Anastasija Sevastova (7-5 y 6-4), 48 del mundo. La tenista nacionalizada española habló tras el duelo y basó parte de sus explicaciones en la poca presión que poseen sus contrincantes: “Cuando una jugadora de peor ranking entra a pista piensa que lo normal es perder. No estar pensando nada más hace que jueguen mejor. Lógicamente, cuando juegan conmigo sienten eso, a mí me pasaba cuando era más joven”.

En efecto, lidiar con la obligación de cosechar el triunfo se antoja complicado. Garbiñe lo sabía al inicio de este curso, y anticipó que podría suceder lo que ha acontecido en Melbourne, Londres y New York, donde no ha alcanzado la segunda semana. El aspecto mental es la faceta más complicada de manejar en el circuito, tanto para los hombres como para las mujeres. Sin embargo, el problema de Garbiñe en la madrugada del jueves, estuvo más allá de su cabeza. Cerca de cumplir los veintitrés años, su juego aún presenta muchas carencias.

Muguruza cometió la friolera de treinta y ocho errores no forzados. Una cifra desorbitada, que a más de uno ya no le sorprende. La española no halla ese control que emergió en su tenis a final de 2015. Ha perdido esa capacidad para retroceder, para correr y volver a ganar el punto. Su tenis, desde que ganara en Roland Garros, ha vuelto a ser a base de golpes ganadores. Esa es la única fórmula que ha utilizado, y que le ha deparado resultados negativos. Golpes aleatorios que pueden, o no, encontrar las líneas.

No es la única que vive de agresividad y físico en su tenis. Madison Keys, ya adentrada entre las diez mejores tenistas del momento, ha cosechado victorias y triunfos casi por igual. La enorme igualdad que existe en el circuito femenino propicia la caída libre de aquellas mujeres incapaces de mantener un nivel alto, regular, durante gran parte del año. De ahí que tenistas como Ivanovic, Wozniacki o Bouchard cayeran en picado en el ranking tras sorprender al mundo con brillantes actuaciones.

La potencia, que parecía ser la clave de la nueva hornada para erigirse en el relevo inmediato de las mejores, ha resultado ser un mayúsculo problema si no se acompaña de un control, de paciencia. Serena Williams y María Sharapova (hasta su positivo por dopaje) son el fiel reflejo de la constancia en el tenis femenino. Algo que se hecha de menos, pese a que la incertidumbre que abunda cada semana añada un punto de interés para el aficionado. Garbiñe, como muchas otras, debe asumir que concluir el punto en dos o tres golpes, no siempre permite sacar adelante el partido.

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