lunes 14/6/21
LA VUELTA AL MUNDO A PIE

Expedición Dean

Partió del kilómetro cero hace un año y ya está en Malasia. Con más de 13.000 kilómetros en sus pies y empujando un carrito de trekking de 30 kilos, Ignacio Dean es el primer español que da la vuelta al mundo a pie

Ignacio Dean, el primer español que da la vuelta al mundo a pie. | vía Facebook
Ignacio Dean, el primer español que da la vuelta al mundo a pie. | vía Facebook

Partió hace casi un año desde la madrileña Puerta del Sol para dar la vuelta al mundo a pie con un objetivo en mente: lanzar un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra. Infatigable, cargado de ilusión y con las mismas ganas con las que arrancó su proyecto Earth Wide Walk, Ignacio Dean Mouliaá no piensa renunciar a su sueño pese a la dureza de esta aventura, un reto que diariamente pone a prueba sus límites físicos y emocionales. Con 16 países a sus espaldas y más de 13.000 kilómetros en sus pies, ESTRELLA DIGITAL ha contactado con este intrépido viajero en Penang (Malaysia) a pocos días de finalizar su periplo en Asia y dispuesto a emprender su próximo desafío: Australia.

Las experiencias, sensaciones y vivencias de todos estos meses han cambiado a este trotamundos de 33 años. Su mente y su espíritu no son los mismos desde que el pasado 21 de marzo de 2013 arrancó su marcha mundial. “El camino va limpiando tu mente de pensamientos accesorios o erróneos; me está convirtiendo en una persona más seria y madura”, confiesa con humildad.  

Empujando a su inseparable compañero de viaje, un carro de trekking de 30 kilos donde lleva sus pertenencias, y afrontando maratonianas jornadas de unos 45 kilómetros al día, Nacho se ha plantado en tan sólo 11 meses a las puertas de Oceanía. Asegura que está muy sorprendido de haber superado sus propias expectativas, puesto que había calculado en este lapso de tiempo recorrer únicamente Europa. “Ni el mejor de los pronósticos, aún no puedo creer que esté finalizando mi periplo por el continente asiático. Las cosas están yendo muy bien fruto del esfuerzo y el trabajo diario, me encuentro bastante fuerte y motivado”, afirma enérgicamente. Aunque espera terminar su viaje dentro de poco más de cuatro años, prefiere mantenerse cauto a la hora de fechar su regreso porque “aún queda mucho camino por delante y pueden pasar muchas cosas”.  Y es que tras lo que irónicamente denomina su “descanso australiano”, aún le queda la parte más dura y complicada de su travesía: Centroamérica, Sudamérica y especialmente África.

Un álbum de recuerdos imborrables

Lo mejor de este viaje es la gente porque la vida es un camino para recorrer acompañado

Dormir en medio de un frondoso bosque bajo la luz de luna, caminar durante semanas bajo la incesante lluvia, adentrarse en los bazares de Teherán o recorrer las calles de la milenaria Katmandú, son sólo algunos de los cientos de instantes únicos que componen el álbum de viaje de Nacho. Pero, sin duda, lo que especialmente le ha cautivado es la amabilidad y la hospitalidad de muchas personas con las que se ha cruzado en el camino, abriéndole las puertas de sus hogares y haciéndole sentir durante un día como parte de su propia familia. “Cuanto más pobre es un país, más generosa es su gente”, subraya Nacho, quien recuerda con mucho cariño cómo le acogieron en sus propias casas exiliados sirios en Armenia, musulmanes de Irán y Bangladesh y familias de Europa del Este. 

Este viajero está descubriendo un planeta lleno de posibilidades y buenas personas, pequeños oasis que irrumpen en el desierto de la soledad que le acompaña en su día a día. “Lo mejor de este viaje es la gente porque la vida es un camino para recorrer acompañado. Más allá de fronteras, razas, ideologías y religiones, el mundo está habitado por dos tipos de personas: las buenas y las malas. Por fortuna son las primeras las que más abundan”, asegura.

Un momento especial y mágico que jamás olvidará este aventurero fue cuando se encontró frente a frente con un rinoceronte en las inmediaciones de la Reserva Natural Chitwan (Nepal). “Apareció de noche, entre la niebla, a pocos metros de mí, nos quedamos mirándonos unos instantes y de repente desapareció entre la maleza. Fue algo mágico”, relata.

Pero su día a día también ha estado lleno de obstáculos que han puesto a prueba su determinación de seguir adelante. Revela que el momento más difícil fue en India durante las dos semanas que tardó en recorrer la distancia entre Nueva Delhi a Lucknow. La miseria que se encontró, un agresivo clima que maltrataba sus sentidos y la posibilidad de contraer fiebre tifoidea, malaria o dengue por la picadura de un mosquito hicieron que quisiera acabar esa etapa lo antes posible.

Al entrar en Irán fue retenido por unos militares por hacer una foto y llegó a pensar que su aventura llegaba a su fin

Otro de sus peores momentos lo vivió tras cruzar la frontera entre Armenia e Irán. Como bien saben sus seguidores en las redes sociales, Nacho, quien retransmite casi a diario su viaje con fotos y experiencias a sus seguidores en Facebook y Twitter, suele publicar una imagen de su entrada cuando entra a un nuevo país. Sin embargo, fue sorprendido por militares iraníes mientras hacía una fotografía al entrar en terrirotorio persa y retenido durante una hora en la que pasó miedo y llegó a pensar que su aventura había llegado a su fin. No obstante, la suerte de que sólo hablasen farsi y que no supieran manejar la cámara, hizo que milagrosamente le dejaran marchar sin más.

Gran apoyo en las redes sociales

Nacho no quiere dejar de escapar la oportunidad de mostrar su agradecimiento una vez más a todas aquellas personas que le siguen y animan en las redes sociales y que, en cierto modo, se han acabado convirtiendo en valiosos compañeros de viaje. “Es emocionante ver cómo a miles de kilómetros hay personas vibrando con tu  aventura, unidos por una misma causa y compartiendo un sueño que tengo la suerte de estar materializando. Son un poderoso viento a favor”, asegura muy agradecido.

Ni andar 45 ó 50 kilómetros al día, ni dormir bajo puentes, ni soportar temperaturas extremas harán a este caminante renunciar a su proyecto, sin embargo existe una limitación más poderosa que puede llegar a desbaratar su sueño. Aunque partió con un presupuesto de 3.500 euros, proveniente en su mayor parte de ahorros personales y de patrocinadores, el dinero está llegando a su fin. Por ello, Nacho ha puesto a disposición de todos aquellos que quieran colaborar en su aventura un canal donde poder aportar su granito de arena a Earth Wide Walk. “Cualquier ayuda es bienvenida, por pequeña que sea estaré eternamente agradecido y tendrá su recompensa”, asegura Nacho, quien no descarta frenar su travesía momentáneamente si llegado el momento, necesita trabajar en el país en que se halle para seguir financiando su sueño.

Y es que esta gesta versa sobre la necesidad de cada persona de atreverse a hacer realidad sus sueños y descubrir que en la mayoría de las ocasiones el único freno parte de uno mismo. Por ello, Nacho invita a todo el mundo a emprender el viaje hacia el destino que apunte la brújula de su corazón. “Estamos en este mundo de paso, un día estás y al otro te marchas, por ello el sentido de nuestra vida debe ser perseguir nuestros sueños. Y un día cuando seamos ancianos podamos echar la vista atrás y decir qué valiente fui y qué orgulloso estoy de haber hecho lo que quería”, destaca.

Una vez más, como todos los días durante los últimos once meses, Nacho vuelve a coger su carrito para continuar caminando por algún rincón del planeta mientras con una sonrisa se despide y nos advierte: “La aventura continúa, nos volveremos a encontrar a lo largo del camino”.

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