lunes 26/7/21
Carta del Presidente

La anemia judicial y los vapuleados símbolos que nos unen

carta del presidente

La actualidad nos devora frenéticamente y, entre titular y titular, rara vez deja espacio para la reflexión, y para otear las implicaciones que tienen determinadas decisiones y acciones que emanan ora del poder ejecutivo, legislativo o judicial. Pero la gimnasia es necesaria y conviene, con tanta frecuencia como podamos, como ciudadanos, levantar la mirada, mantener las luces largas y avizorar el verdadero sendero: la carretera con sus rectas y sus curvas, hasta su destino.

            No es aislado el hecho de que en la Cataluña golpeada por la totalitaria fiebre del separatismo no sólo sufran padres y madres, en el sector educativo, el látigo de la sinrazón y lo facineroso, sino que lo padezcan menores de edad: da igual que sea durante las horas de recreo, o en el patio practicando algún deporte o, por descontado, en las aulas. Sí: hay actitudes que trascienden, por lo crueles e injustas, el mero adoctrinamiento (igualmente repulsivo) y que, por ende, han de ser perseguidas de oficio.

            Hace apenas unos días, un juez calificaba de “delito leve” la agresión a una niña que había pintado una bandera de España, por entender que la docente, una cafre de categoría especial, embebida de sectarismo, había actuado sin motivación ideológica y, a esta pobre chica, no quiso lesionarla ni humillarla (¿estaría pensando tal vez en ayudarla o animarla con tan abyecto comportamiento?).

            Es la primera vez que la Justicia se pronuncia sobre esa ‘agresión’ y ‘humillación’, en este caso en Tarrasa, por parte de una profesora a su pupila, que había cometido el gravísimo acto de pintar la enseña nacional junto a un 'Viva España' en un trabajo de fin de curso.

            Es cierto que no siempre resulta sencillo deslindar lo que significa un "delito de odio o contra la integridad moral" de un "delito leve de lesiones o maltrato de obra". De una forma u otra, vale la pena detenerse un tiempo a calcular y calibrar los efectos que décadas y décadas de asfixia nacionalista -en medio hoy de los delirios, las acciones insobornablemente lunáticas y el desprecio general a la ley- han producido en la escuela catalana.     

                Ya todo un genio como Albert Einstein sostenía que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando y añadía que es el sarampión de la humanidad. Hay plagas que apenas alteran su fisonomía con el transcurso de los siglos, pero nuestra administración judicial bien haría en actualizar su respuesta ante agravios y ataques tan encarnizados y viles, tan gratuitos y repugnantes; especialmente cuando está en juego la protección de menores.

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