lunes 12/4/21

Estrella Digital

¿Es posible recuperar una Cataluña sin odio ni rencor?

Parque Güell

Los últimos años, y la traca definitiva del infausto 1-O, fueron simplemente la gota que colmó el vaso y llevó el desvarío y la locura hasta el precipicio. Van ya décadas de un crescendo incontrolable del nacionalismo excluyente y troglodítico en Cataluña, con un cúmulo de daños y secuelas, en muchos casos, aparentemente irreversibles.

            Y, aún así, han emergido una y otra vez las tentativas de sembrar la semilla de la concordia, de la colaboración y la cooperación… los intentos de cerrar y tapar de una vez por todas las trincheras, de tirar abajo los muros y (ahora que la expresión la han puesto de moda los amantes de la cursilería) de recuperar los abrazos.

            En este sentido, vale la pena poner en valor el nacimiento del primer mapa de recuerdos de Cataluña. No es una invitación gratuita a la nostalgia sino un mecanismo creativo para activar la memoria de todos los catalanes. Se trata, en definitiva, de concentrar en la web los momentos pasados, pacíficos y bonitos, para traerlos al presente y estimular su regreso, tan necesario.

            ‘Sociedad Civil Catalana’ quiere recuperar así la imagen, primero, y la realidad, después, de una región fértil, integradora, respetuosa, dada al entendimiento y enfocada en el progreso económico y social. La pregunta es: ¿se trata de disparos con pólvora mojada o resulta factible que se rescaten esos imprescindibles valores para alejar a la ciudadanía de esa Comunidad Autónoma del gamberrismo, el veneno y la irresponsabilidad de buena parte de su clase política?

            Los milagros apenas existen. Menos, cuando una casta de dirigentes separatistas (algunos en prisión, otros fugados, unos terceros aún en el machito) que han empobrecido aquel rinconcito de ahí arriba, como diría indisimuladamente Pep Guardiola, han llevado el cuchillo entre los dientes durante tantos lustros perpetrando auténticas tropelías y protagonizando tantas incívicas y torcidas manifestaciones.

            Pero es precisamente por esta dificultad, por esta adversidad, que los proyectos nobles y en positivo destinados a hacer flotar lo bueno y lo productivo, y a hundir lo malo y lo podrido, tienen tanto sentido y tanto valor. Y merecen tanto aliento. Es imposible vivir sin esperanza.

Comentarios