Ignacio Perelló

¿Quién mató a Melquíades Álvarez o el secreto de Tomelloso?

En este artículo, el primero de 2017, además de desearles a todos ustedes un año lleno de salud y prosperidad, quiero rendir un modesto y sincero homenaje al jurista y político don Melquíades Álvarez González-Posada, el tribuno,  (Gijón, 1864-1936); para mí el primer centrista español, que perdió su vida el 22 de agosto 1936, nada mas empezada la Guerra Civil Española en la Cárcel Modelo de Madrid, donde fue recluido sin cargos, por estrictas razones de seguridad, para ser asesinado después, junto con otros presos políticos allí retenidos. 

A Melquíades le asestaron dos infames cuchilladas en el cuello, como en un intento mezquino y brutal de acallar a perpetuidad su voz y su palabra. El padre del Partido Reformista y del Partido Republicano Liberal Demócrata, de naturaleza política inclusiva y pactista, había sido situado por sus detractores en el espectro del centro-derecha. Lo habían condenado.

Durante estas fiestas, apelando al nombre de Melquíades, la conocida empresa de alimentación Campofrío ha presentado su vídeo publicitario bajo el título: “Hijos del entendimiento”. Sobre esa idea y mediante un vídeo de gran calidad técnica, la compañía presenta una serie “parejas reales” que, pese a sus evidentes diferencias (de equipo de fútbol, de partido político o de estilo de vida), son capaces de entenderse y quererse, lo que se visualiza mediante la escenificación de sucesivos abrazos de las parejas que en un principio no se entendían. El anuncio publicitario interpela a los consumidores y les pregunta: “Y tú, ¿eres un hijo del entendimiento?”, para seguir diciendo: “En este país las personas de diferente ideología, credo o forma de vida están condenadas al desacuerdo. Por ello Campofrío presenta: la mayor historia de esta Navidad y cómo ponerse de acuerdo entre opuestos es posible gracias al entendimiento.”

Lo primero que deseo subrayar es que el anuncio me ha gustado mucho, desde el punto de vista del rescate que supone, aunque sea veladamente, del nombre y la memoria del político centrista Melquíades Álvarez

Al final, el spot cita y pone sobre la mesa la foto de un viejo republicano, un supuesto antepasado, un tal ¡Melquíades!, para, desde la evocación de su recuerdo, invitarnos a todos al entendimiento. Es lo que el anuncio llama “parejas reales” capaces de entenderse.

Lo primero que deseo subrayar es que el anuncio me ha gustado mucho, desde el punto de vista del rescate que supone, aunque sea veladamente, del nombre y la memoria del político centrista Melquíades Álvarez, artífice de tantos intentos de entendimiento entre españoles durante el primer tercio del pasado siglo XX, divididos y enfrentados hasta la muerte,  y que cobró especial y notoria virulencia con el golpe de estado del General Franco que dio lugar a la cruenta Guerra Civil Española de 1936.

La multinacional Campofrío Food Groop, filial de la mexicana Sigma Foods, fue una empresa de origen Burgalés, que hoy goza de una plantilla que supera los 11.800 trabajadores, gran parte de ellos en España. No puedo negar que en el vídeo publicitario de Campofrío he echado en falta otras “parejas igualmente reales”, es decir, que tengan algún miembro con diversidad funcional, sexual, racial o, qué sé yo, generacional. Todos los protagonistas del anuncio son parejas blancas, heterosexuales, de distintas edades pero todas emparejadas según lo políticamente correcto (¿o ya incorrecto?) y, así las cosas, no puedo dejar de preguntarme qué habría pensado el verdadero Melquíades, el tribuno del reformismo, el entendimiento y la modernidad, el orador de la ética práctica, ante la omisión exclusiva de tantas y tantas parejas reales que no responden al prototipo de las parejas que protagonizan el anuncio.

Por razones obvias, no podemos interpelar directamente al tribuno para saber lo que habría opinado del spot, pero, dada la modernidad y brillantez de sus posicionamientos y discursos, estoy convencido de que don Melqui, como así le llamaba don Manuel Azaña, habría apostado por una representación de parejas verdaderamente reales y representativas de la realidad del país. ¡Y es que es muy difícil citar al tribuno y, al tiempo, estar a su altura política y moral! 

En fin no quiero que mi columna se convierta en una crítica al citado anuncio de Campofrío, aunque sí querría que mis palabras hicieran reflexionar a los responsables del mismo para que, en lo sucesivo, tomen nota de lo que habría hecho el verdadero Melquíades, el orador de la concordia, la inclusión y el entendimiento que pagó con su vida y su silencio la enorme contribución que hizo al servicio de la cohesión, la convivencia y la democracia en España.

Termino mi crónica de hoy apelando a mis sufridos lectores, y a su capacidad de ayuda, pues la historia del asesinato de Melquíades está todavía por resolver, 80 años después que lo degollaran y de que echaran su cadáver a un destartalado camión. 

El secreto se esconde en Tomelloso, de donde era natural su secretario político, don Francisco Martínez Ramírez, seguidor del Krausismo alemán y del regeneracionismo de Giner de los Ríos. Él sabía quién fue el asesino del tribuno y probablemente lo dejó escrito. Los archivos de don Francisco se encuentran hoy depositados en la Biblioteca Municipal de Tomelloso, donde fueros donados, pero ni el bisnieto de Melquíades, don Manuel Álvarez-Buylla, estudioso del legado de su bisabuelo, ni el historiador de la Universidad de Salamanca, don Santiago Arrollo Serrano, han podido tener acceso a tan valiosas notas y documentos. Misterios de la política y, quizá, de la pequeñez ética e intelectual de algunos.

Estoy seguro de que, entre todos, seremos capaces de reconocer la insigne figura de Melquíades y, para ello, es vital desempolvar y dar luz a  los archivos “secretos” de La Mancha. Fíjense ustedes, al final y sin quererlo, con Tomelloso “hemos dado”. ¡Dios salve a Cervantes!