Ablación, marcadas para siempre


Ablación, marcadas para siempre

El paso de niña a adulta suele ser un momento especial en la vida de las mujeres, aunque en algunos lugares puede convertirse en una verdadera pesadilla que tiñe de dolor el abandono de la infancia. A veces, el inicio de esta nueva etapa implica quedar marcada para siempre por una mutilación durante una tortura con la forma de una ceremonia. Anclada en la tradición y asociada a una serie de mitos y creencias erróneas, la mutilación genital femenina es una lacra que han sufrido en sus propias carnes más de 100 millones de mujeres en 28 países africanos y algunos de Asia y Oriente Medio principalmente. Sin ninguna otra opción y empujadas por la presión social cada año entre dos y tres millones de mujeres son sometidas a esta brutal agresión que generalmente precede a un matrimonio, concertado en la mayoría de las veces, así como el abandono de los estudios para llevar la vida doméstica que toda la sociedad espera de ellas. Sin embargo, la mutilación genital femenina genera una serie de secuelas físicas y psicológicas que su víctima arrastrará durante toda la vida pudiendo incluso provocarle la muerte. La ablación, además, constituye una violación a los derechos humanos y de la infancia y una forma más de las sociedades patriarcales de dominar el cuerpo femenino a través de su sexualidad.

La ablación o mutilación genital femenina comprende un conjunto de prácticas que suponen la extirpación total o parcial de los genitales externos femeninos o su alteración por motivos culturales y no terapéuticos. La OMS calcula que cada año entre dos y tres millones de niñas y mujeres en todo el mundo se encuentran en riesgo de sufrir este martirio que se sumarían a las más de entre 100 y 140 millones ya mutiladas.

Podemos distinguir cuatro tipos de ablación en función del grado de mutilación. La más "leve" es la llamada sunna o clitoridectomía que consiste en la extirpación parcial o total del clítoris y/o del prepucio. En un nivel más agresivo estaría la escisión, en la que además de la mutilación anterior se lleva a cabo la extirpación de los labios menores y en ocasiones de los labios mayores. La infibulación, también conocida como circuncisión faraónica, es la intervención más radical y extrema cuyo objetivo es estrechar la apertura vaginal al límite dejando el orificio suficiente para la expulsión de la sangre menstrual y la orina mediante el cosido de los labios menores y a veces también los mayores con o sin eliminación del clítoris. También, se considera ablación a cualquier acto cuyo fin es la extirpación de los genitales externos femeninos como la cauterización o el raspado del orificio vaginal.

En la actualidad la mutilación genital femenina se practica principalmente en 28 países africanos y algunos asiáticos y de Oriente Medio como la India, Indonesia, Iraq, Israel, Malasia, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos y Yemen. Se han registrado casos en menor medida en Estados como Colombia, Perú u Omán y debido a los movimientos migratorios hacia Occidente se está convirtiendo esta lacra en un problema global. Aunque actualmente 16 países africanos ya disponen de una legislación que prohíbe este tipo de suplicio, éstas no han sido efectivas debido a su fuerte arraigo en la tradición y la cultura de sus habitantes que conduce al incumplimiento sistemático de la ley que se suma a la ausencia de persecución de este tipo de delitos por parte de las autoridades.

La mutilación genital femenina se practica principalmente en 28 países africanos y algunos asiáticos y de Oriente Medio

Los orígenes de esta práctica milenaria se remontan a antes de la aparición de las religiones monoteístas siendo practicada por diferentes civilizaciones como la egipcia o la fenicia y posteriormente en otros lugares como en las zonas tropicales de África, algunas etnias de Australia e incluso por algunos médicos en Europa y EEUU en los siglos XVIII, XIX y principios del XX como tratamiento a determinadas enfermedades nerviosas como la histeria o las migrañas. Actualmente, la mutilación genital femenina se sigue practicando en base a unas creencias erróneas rodeadas de mitos y tradiciones. Generalmente, la ablación está vinculada a un rito, una ceremonia que marca el paso a la vida adulta de las niñas. En muchos países es una forma de ser aceptada en la comunidad y poder casarse, ya que los maridos e incluso la misma sociedad pueden rechazar a aquellas mujeres que no pasan por la mutilación.

Prohibida por el Corán y la Biblia

Mitos y creencias como que el clítoris puede matar al bebé a la hora de dar a luz, causar la esterilidad, llegar a crecer de forma indefinida cuando sea adulta o incluso conducir a la prostitución y al adulterio, son sólo algunas de las falsas justificaciones que sostienen semejante barbarie. En definitiva, la mutilación genital femenina es una práctica social y cultural que nada tiene que ver con la religión, ya que tanto el Corán como la Biblia prohíben la mutilación. A pesar de ello, esta agresión es practicada tanto por musulmanes como cristianos a veces justificada con falsos pretextos religiosos, así en países como Burkina Fasso son las mujeres musulmanas las víctimas de esta agresión y en otros como Malí tienen más posibilidades las cristianas.

La edad a la que se realiza la mutilación genital femenina varía en función de la etnia, la tradición y el país. Generalmente, las víctimas son niñas entre cuatro y 15 años, aunque otras veces se practica a bebés con pocas semanas de vida o a adultas antes del matrimonio por exigencia de su futuro esposo o suegra. Sin embargo, actualmente en aquellos países con leyes que expresamente prohíben la mutilación genital femenina su práctica se está adelantando para facilitar su ocultación.

En la mayoría de los casos la ablación es realizada por una comadrona, una mujer mayor muy respetada en su comunidad y con una larga experiencia. Se trata de un oficio que heredan de sus madres y que suele estar bastante bien renumerado. Sin ninguna otra opción y sin su permiso la niña es obligada a ponerse en las manos de estas mujeres que no cuentan con ningún tipo de formación médica.

La intervención dura entre 15 y 20 minutos, por supuesto sin anestesia, mientras la pequeña es sujetada por varias mujeres en un entorno antihigiénico y en ocasiones con mala iluminación al realizarse en interiores. Bisturís, hojas de afeitar, cuchillos, trozos de vidrio, piedras afiladas e incluso la tapa de aluminio de una lata son algunas de las herramientas empleadas para la operación, además se suelen emplear los mismos instrumentos para diferentes intervenciones. Una vez finalizada la mutilación, se limpia la herida con alcohol, zumo de limón u otros elementos como ceniza o excrementos de vaca.

Generalmente las víctimas de la mutilación genital femenina son niñas entre 4 y 15 años

Debido a las múltiples campañas sobre los efectos perjudiciales de la mutilación genital femenina, en algunos países como Egipto o Sudán está ganado terreno la ablación realizada por médicos en hospitales y centros sanitarios usando anestesia. La justificación es que ya que se va a hacer la mutilación de todas formas mejor que se haga en condiciones sanitarias bajo supervisión médica.

Por encima de las tradiciones y las creencias, la mutilación genital femenina es sobre todo y ante todo una violación de los derechos humanos como el derecho a la vida, a la salud y a la integridad física. Además, también es una violación a los derechos de la infancia, ya que la mayor parte de sus víctimas son menores de edad y una expresión de la violencia de género. La ablación constituye una forma más de control de la sexualidad femenina por parte de las sociedades patriarcales.

Consecuencias fatales

Las víctimas de esta forma de tortura arrastran durante toda su vida los efectos físicos y psíquicos de la agresión, una mutilación que en ocasiones se cobra la vida de su víctima. Estragos y consecuencias perjudiciales que Natalia Cobo, médico y matrona de Médicos Sin Fronteras (MSF), ha podido comprobar en persona durante su labor en diferentes países africanos como Darfur o Somalia. "A corto plazo suelen producirse hemorragias que pueden llegar a provocar el shock e incluso la muerte de la víctima. También, a menudo se contraen infecciones a las pocas semanas de la intervención por la falta de condiciones higiénicas que pueden provocar el fallecimiento, ya que en Darfur por ejemplo se usaba la misma punta de lanza con la que matan a las cabras para todas las niñas. Otros efectos son la incontinencia y retenciones de orina que aumentan los riesgos de infección", explica la profesional de MSF a ESTRELLA DIGITAL.

Natalia Cobo continúa detallando algunos de los efectos a largo plazo como son "una mayor facilidad de contagio de enfermedades de transmisión sexual, esterilidad, quistes, fístulas, disfunciones sexuales, problemas durante el embarazo y en el parto, ya que en los casos de infibulación es necesario descoser y volver a coser para que pueda salir el niño". Esta profesional incide también en los efectos a nivel psicológico de la mutilación producidos principalmente por el trauma de la experiencia y los cambios sufridos en su sexualidad como son la ausencia de placer o el cambio de los ciclos menstruales. En definitiva "las consecuencias de la mutilación son todas negativas, no hay nada que pueda rescatar que sea beneficioso", sentencia Natalia Cobo.

A pesar de la larga lista de consecuencias negativas que provoca la ablación en la salud de las mujeres, el peso de la tradición, la sociedad y la cultura es mucho mayor. Natalia Cobo reconoce que es un "tema delicado porque forma parte de su cultura". Esta profesional de MSF recuerda que en Sudán, donde el 90% de la población femenina está mutilada, fue casi imposible cambiar nada porque "las mujeres, pese a estar informadas de los riesgos, sabían que si no tenían una mutilación no podrían llegar a casarse y eso para ellas es muy importante". Natalia Cobo, por el contrario, explica que MSF si consiguió avances en Somalia, donde la población está más dividida respecto a esta práctica. "En Somalia encontramos una puerta para poder mantener su cultura con un pequeño cambio, a través de charlas y debates sobre los efectos perjudiciales logramos que las matronas locales se limitaran a hacer la sunna, que es la más leve de las mutilaciones, manteniendo de esta manera el rito de la sangre", asegura Natalia Cobo.

Algunas ONG intentan poco a poco lograr avances en este terreno con las dificultades que conlleva arrancar de la cultura esta forma de tortura tradicional. "Hay que intentar luchar contra la mutilación genital femenina mediante información, sensibilización y campañas de prevención", estas son las recetas que detalla a ESTRELLA DIGITAL Claudia Moreno, directora de la Comunicación de la ONG World Visión. Esta ONG internacional, que opera en más de 94 países, cuenta con un proyecto en Kenia de prevención sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la mutilación dirigidas a padres, profesoras de las escuelas y niños y niñas. También, World Vision apoya a mujeres locales que se han unido para poner fin a esta agresión.

Rituales alternativos

Claudia Moreno explica que una de las iniciativas con mayor éxito han sido los rituales alternativos de iniciación. "Los ritos, muy practicados en Kenia, consisten en una ceremonia donde las familias celebran que la niña pasa a convertirse en una mujer adulta y en la cual la mutilación desempeña un papel central. Lo que proponemos a sus familiares es un ritual alternativo, una ceremonia que conserva muchas de las tradiciones como son las danzas y la parte festiva y cultural pero donde la ablación se reemplaza por un acto simbólico que cada familia decide cual será". Las niñas que pasan por el ritual alternativo se benefician de una beca escolar para que la niña siga escolarizada. "Esto es muy importante porque la falta de formación genera un círculo de pobreza e ignorancia que favorecerá que su hija también pase por la ablación, con educación es más fácil romper este ciclo", aclara Claudia Moreno.

Esta ONG también entrega microcréditos a aquellas comadronas que abandonan la práctica de la ablación para darles una alternativa. "Lo primero que hacemos es sensibilizarlas sobre las consecuencias de la mutilación para que entiendan el daño que ocasionan a las pequeñas. Si aceptan dejar su oficio pueden acceder a un microcrédito que les permitirá empezar un nuevo negocio, además de recibir una formación en economía básica o en técnicas comerciales para que ese negocio sea fructífero", explica Claudia Moreno. Es el caso de Ambaro Hersi, quien a sus 70 años y con más de 700 ablaciones a sus espaldas ha decido cambiar de oficio y gracias a un microcrédito ha comenzado un negocio de cría de cabras.

"Una parte fundamental en la prevención la desempeña la educación de los niños varones para que se involucren en los rituales alternativos de iniciación y comprendan que el valor y el derecho de las niñas y las mujeres va mucho más allá de sus genitales para que en el futuro acepten como esposa o hija a una mujer que no haya pasado por la ablación", afirma la directora de comunicación de World Vision. Son pequeños pasos que hacen cambiar la mentalidad en Kenia, las cifras de World Vision hablan por sí solas desde el inicio del proyecto han logrado que unas 600 familias opten por los rituales alternativos y que sólo en el último año 114 comadronas hayan abandonado su cruel oficio gracias a los microcréditos.

La lucha contra la ablación debe arrancar desde dentro de las sociedades africanas mediante la participación y la involucración de las mujeres locales

Sin embargo, las ONG tienen un gran reto en el continente africano para acabar con la mutilación genital femenina, ya que es necesario que se convierta en una práctica ilegal en todos los países donde se realizan y que este tipo de delitos sean realmente perseguidos en aquellos donde ya existe una legislación. Al mismo tiempo, se debe seguir desarrollando una labor de prevención e información para evitar que progresivamente se produzcan menos casos y las familias dejen de obligar a sus hijas, no porque vayan a ir a la cárcel sino porque se den cuenta de que le están haciendo un gran daño a las pequeñas y violando sus derechos a su sexualidad. Este proceso debe arrancar desde dentro de las sociedades africanas mediante la participación y la involucración de las mujeres locales. De esta manera, estas mujeres se convertirán en líderes de su propia causa para que la lucha contra la mutilación genital femenina no se perciba como algo impuesto por Occidente ni contra su cultura. La felicidad de muchas mujeres depende de que la salud y el respeto al género femenino ganen la batalla definitiva a la tradición y la falta de información.