LANDA- FROOME, FROOME- WIGGINS, LEMOND-HINAULT...

Cuando el gregario es más fuerte que el líder

Probablemente el ciclista Mikel landa esté viviendo una de las injusticias históricas que se repiten cada cierto tiempo en el Tour. Que, aunque sea el más fuerte, no gane, no por impericia, sino porque le ordenan perder. Estos son algunos de los segundos que fueron mejores que los primeros, hasta que el coche del director los mandaba parar

El equipo Sky en una etapa de este Tour, en el que han adoptado los maillots blancos. | TdF
El equipo Sky en una etapa de este Tour, en el que han adoptado los maillots blancos. | TdF
Cuando el gregario es más fuerte que el líder

Pinganillos contra la insubordinación. Órdenes de equipo. Ganadores precocinados. Este es el Tour, el Tour de siempre. Parece que hay unanimidad en que el español Mikel Landa es el hombre más fuerte de este Tour que mantiene de líder a Chris Froome, precisamente el jefe de Landa. Landa paró a esperar a su jefe en problemas en la emocionante etapa de este domingo, del mismo modo que en su día paró a esperar a Aru en el Giro de hace dos años, el último que acabó ganado Contador… y pudo haber ganado el propio Landa. Una vieja tradición en el Tour, que, por hablar de tiempos recientes, trae ecos de los duelos LeMond-Hinault, o de nuestros Indurain-Delgado. La lejana resonancia de Vieto y Boubet en los anales centarios del Tour.

La Vie Claire no era sino la excusa para que el millonario francés Bernard Tapie (entregado luego al fútbol) proporcionara un equipo a Bernard Hinault para que ganara su quinto Tour, y a ser posible también el sexto. Ese julio de 1985, sin embargo, un norteamericano rubio y de grandes dientes, Greg LeMond, un mero gregario del “caimán” Hinault, muestra un desparpajo abrumador. Desconcertante. Preocupante para el gran favorito, precisamente su jefe. Pero para eso está el segundo factor decisivo del ciclismo profesional, tras la fortaleza de piernas: la picaresca.

En una de esas etapas pirenaicas de enorme calor, un grupo entre el que está Pedro Delgado, ataca y se lleva con él a LeMond, en labores de vigilancia para su jefe. Como no había pinganillos para acabar con las alegrías de los gregarios, se acercó el coche del director de La Vie Claire. LeMond recibe la orden de esperar a Hinault que, le informan, estaba a 45 segundos. LeMond reconoce que es el mayor engaño que ha sufrido en su vida. Los 45 segundos eran en realidad 4 minutos. Hinault había conseguido defender su maillot amarillo con la orden de frenar al ligero americano, Esa noche LeMond quiso abandonar el Tour, desengañado y humillado. Solo las dotes de Tapie salvan la carrera. Las dotes y una promesa: que ese año ganaría Hinault, pero que el propio “caimán” ayudaría a LeMond a ganar el Tour del 86. Sobre aquella guerra de nervios y crueldad que ejerció el “caimán” contra el norteamericano y el “teatrillo” del Alpe D’Huez en el Tour del 86 –que sí ganó LeMond– hay literatura sobrada.

Pedro Delgado fue testigo de excepción, en aquellos años que ya asomaba su clase escalando y su insolente facilidad para los descensos ("le fou des Pyreneés”). Su transición con Indurain fue amistosa, pero hay opiniones que dicen que, José Miguel Echávarri –el jefe del entonces Banesto, hoy Movistar– debió darle los galones al gigante navarro ganador de cinco tours seguidos ya en 1991. Habría ganado seis.

Contador tuvo al enemigo en casa cuando corrió con Armstrong en el Discovery, antes de que se supiera que el texano era un tramposo patológico y hábil. Ganó su segundo Tour con Lance Armstrong como peor enemigo con sus mismos colores. Tuvo que ser la carretera la que bajara las ínfulas del hoy desposeido ganador de seis tours.

Por estas también pasó uno de los protagonistas de este Tour, el más emocionante del último lustro, Chris Froome. El equipo Sky está marcado a fuego por la filosofía del discutido “sabio” David Brailsford. Éste había decidido que el Tour de 2012 debía ganarlo Sir Bradley Wiggins, un producto de su laboratorio inglés, afamado en pista y juegos olímpicos. Pero la realidad de la carretera dijo que ya ese año Froome era el más fuerte. Otra vez frenazos –ya con pinganillos en las orejas– en las ascensiones par remolcar al gigante Wiggins cuesta arriba y que ganara su Tour. Más expeditivo y práctico, Fromme exigió al Sky una prima igual a la que obtendría al ganar la carrera, a cambio de ayudar a Wiggins. Un millón de euros después, Wiggins paseó de amarillo por París, con una media sonrisa de Fromme.

Pues es ahora Froome quien se beneficia de que desde el coche se pare a un compañero más fuerte. En Peyragudes, un final explosivo en una mortal rampa, Landa, tras llevar a cuestas a Froome, se soltó la correa y sacó una enorme ventaja con aparente suficiencia, sin gran esfuerzo, en 200 metros. Este domingo, en el Macizo Central, era apabullante su facilidad y también su superioridad sujeta por las órdenes de equipo. Froome agradeció un poco su trabajo, con ciertas reservas, al llegar a meta, y solo una hora después hizo una manifestación pública más franca y amistosa. Unos días antes Landa se fue con Contador de escapada. El ciclista de Pinto le convenció de que no le venía mal ni a él ni a su equipo, el Sky, que colaborara en la aventura. Contador es un estratega privilegiado, no tanto como muchos directores que van llevando bidones de agua en el coche –los ‘llevabidones’, se dice despectivamente en el argot–, y gracias a él Landa se colocó quinto en la general. Un chollo táctico para el Sky, que sin embargo recela de la ambición de Landa. Mikel es español y el Sky la quintaesencia de lo inglés.

El ciclista alavés ha manifestado en la jornada de descanso que nunca más será el segundo de un equipo. Hace dos años trabajaba para Fabio Aru –hoy segundo en el Tour–, en Astana. El rival era entonces Contador en el Giro. Contador batió a Aru, pero quien batió a Landa fue su director deportivo, Martinelli, obcecado en que el italiano Aru ganara el Giro. Mikel Landa, con cara de pocos amigos, tuvo que frenar dos veces en plena cabalgada durante las terribles etapas dolomíticas.

Con su fichaje ‘in péctore’ por Movistar, parece que Landa será jefe de filas en al menos una de las tres Grandes del año que viene, ya vestido de azul.

Puede que le permitan correr el Tour, aunque Quintana reclamará ser jefe de filas en Francia. Es un clamor en el pelotón que un día ganará la ‘Grande Boucle’. Si lo consigue, es posible que acabe su carrera con un Tour menos de los que tiene en sus piernas. Su magro consuelo será meterse en la lista en la que están LeMond, Indurain, Froome… Una lista de leyenda.