lunes 12/4/21

Estrella Digital

El cabreo de Guindos

El ministro de Economía no esconde su enfado monumental, su cabreo, contra los periodistas que le señalan como culpable de la filtración que ha puesto a Rodrigo Rato contra las cuerdas.

Es verdad que no existe ni un solo dato fiable que apunte a que haya sido Guindos el que ha provocado el desaguisado, y que además hay quienes están convencidos de que la noticia llegó a los medios de comunicación a través de algunos de los organismos que dependen de Montoro, la Agencia Tributaria o el Seplac; incluso hay quien piensa que ha sido alguien de la Fiscalía, porque no deja de ser curioso que  las investigaciones sobre Rato se hayan llevado durante más de un año con absoluta discreción y haya saltado la liebre en cuanto ha pasado a manos de los fiscales. Pero en cualquier caso,  aunque nadie sabe con certeza de dónde ha salido la filtración, sí hay un  dato contrastado: el que se pone enfermo cuando lee que ha podido ser él, o lee que hay personas en el PP que creen que ha sido él, es el ministro de Economía, que anda con un enfado monumental. Quizá piensa que en Bruselas miran con lupa lo que ocurre en España y teme perder la oportunidad de convertirse en presidente del Eurogrupo.

Con esa regla de tres, de que no le favorece en absoluto que haya trascendido el caso Rato, se llega a la conclusión de que nadie del PP, ni del gobierno, ha podido estar detrás de la filtración, que coloca al partido en una situación insostenible cuando faltan apenas cinco semanas para unas importantísimas elecciones.

 

Así que la conclusión es que si ante una filtración hay que ver a quién perjudica y a quien favorece la noticia, habría que deducir que en la de Rato no pudo ser nadie del PP, porque ha sido un golpe letal para el partido. Pero han reaccionado tan mal ante la filtración, que difícilmente van a salir bien parados de esta peripecia que han llevado con los pies. Y lo peor es que ha abierto brechas en el PP. Hay gente importante que no oculta que fuma en pipa por la forma en que Rajoy está haciendo las cosas, ni ha elegido a los mejores candidatos ni acierta en su estrategia de recuperar el voto perdido. Hay gente importante que cree que Rajoy no puede ser el candidato a las generales, y hay gente importante que defiende que se produzca el relevo generacional, y cree que hay que apostar por los menores de 45 más que por la experiencia. Todo eso junto provoca un cóctel de imprevisibles consecuencias. Pero Rajoy no se inmuta, y en los encuentros que mantiene ahora con periodistas –los empezó antes de Navidad pero ahora  son más frecuentes-  insiste en que se puede ganar y está convencido de que va a lograrlo. Y, seamos sinceros,  su gestión ha sido de no creer de bien, pero en política eso no cuenta ni no se sabe cómo contarlo y no se sabe cómo contrarrestar las descalificaciones del adversario. Solo si no gana las elecciones y sufrimos las consecuencias de la marcha atrás, Rajoy se verá valorado por lo que ha hecho en estos años tan complicados y tan duros para todos.

En esos encuentros con periodistas Rajoy no habla mal de Ciudadanos pero sí se expresa con cierta condescendencia respecto al partido de Rivera, y no oculta que le gustaba más Rubalcaba que Sánchez como interlocutor. Rajoy, por cierto, mantiene más contacto con Felipe González de lo que se piensa. González no tragaba a Aznar y Rajoy no tragaba a Zapatero, pero entre  González y Rajoy  la conversación es fluida. Y sincera.

No deja de ser curioso que Rajoy haya aguantado todas las barbaridades que Maduro ha dicho de él, y que sin embargo no le haya dicho a Margallo que llamara a consultas al embajador nuestro en Venezuela  hasta que el  despótico  presidente venezolano arremetió contra González y promovió que fuera considerado “persona non grata”.

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