viernes 18.10.2019

El ministro se aburre

Albergo la sospecha de que el ministro de Justicia se aburre. Si los jueces son independientes; el Consejo General del Poder Judicial gobierna a los jueces; el Tribunal Supremo crea doctrina, y el Tribunal Constitucional se la enmienda, no sé muy bien qué hace el ministro de Justicia, salvo tomar juramento a los nuevos ministros. Con Adolfo Suárez, que cambiaba de ministro todos los meses, los ministros de Justicia estaban entretenidos, pero Mariano Rajoy piensa que nombrar a un ministro es que como casarse por la Iglesia y que tiene que durar hasta que la muerte (electoral) les separe.

En ese contexto, en el del aburrimiento, se concibe que se le haya ocurrido que la mejor manera de vigilar a los funcionarios indiscretos e irresponsables que filtran los sumarios y se ciscan en el secreto que tienen el deber de guardar es...¡chan, ta, ta, chan! multar a los periodistas. Como en el ministerio son incapaces de investigar y encontrar quién filtra los sumarios, como si en cada juzgado trabajaran millones de personas, se le ha ocurrido que recaiga la responsabilidad en el periodista y ya, de paso, se carga el artículo 20 de la Constitución, que protege el derecho a dar y recibir información veraz. Dígame donde hay una solución tradicionalmente asentada que ya vendrá un político y creará un problema.

El ministro está preocupado por la muerte de la presunción de inocencia. Y yo. Pero cuando los compañeros del Gobierno del señor ministro afirman que Griñán y Chaves deberían dimitir, sin estar condenados; y cuando los del PSOE dicen que debe dimitir Rajoy, que ni siquiera está imputado en nada, colaboran con entusiasmo para que fallezca la presunción de inocencia, porque son ellos, con su desparpajo, liviandad y fanfarronería quienes se la han cargado. Los políticos se han hecho el harakiri para convertir las meras sospechas en condenas, y han logrado su desprestigio. Los políticos. No los periodistas.

El ministro se aburre
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