jueves 6/5/21

Estrella Digital

Acoso en Irán a los estafados

Sobre la estafa política, el acoso a los estafados por el poder iraní, integrado ahora por Ali Jamenei, Líder Supremo de la Revolución, y Mahmud Ahmadineyad, el beneficiario del abuso institucional, prorrogado por el Artículo 23 como presidente del Gobierno. Después de la represión en la calle, que desplaza la protesta a terrazas, balcones y azoteas cuando llega la noche en Irán, llega la presión principal sobre Musavi para que revoque su pretensión de que sea declarada la nulidad de las elecciones. Pero la insistencia en esto no consigue menguar la resistencia política de casi media nómina de los ayatolás, desde la que, insistiendo, siguen aportándose nuevas críticas. Que engrosan, al cabo, la disidencia frontal y expresa.

Ha sido la última la del ayatolá Ali Montazeri -al que el Gobierno mantiene en confinamiento domiciliario, conforme las prácticas de la dictadura de Birmania-, rompiendo una lanza por el derecho de las mayorías a manifestarse contra el pucherazo electoral y criticando el cierre de un periódico, que se ha acompañado por el encarcelamiento de sus trabajadores. Es bien relevante lo dicho por esta prestigiosa figura del chiismo iraní, al considerar que "si el pueblo de Irán no puede reivindicar sus derechos legítimos en manifestaciones pacíficas y se mantiene la represión, la frustración creciente, podrían destruirse las bases del poder y provocar su caída".

La involución del régimen islámico iraní desde la teocracia formal hacia la dictadura sistémica se expresa, efectivamente, a través de una diversidad de prácticas represivas contrarias a la libertad de expresión y al derecho de manifestación en todas sus formas, incluida la religiosa, como ha sido el veto del Ministerio de Interior al funeral que había organizado otro de los candidatos estafados, Mehdi Karrubi, dentro de una jornada de duelo por los caídos en las manifestaciones, cuyo número oficial de 18 se quedará muy por debajo de la cifra real. Las protestas no sólo se dieron cita en las calles de Teherán, capital de la nación, sino también en algunas de las principales ciudades.

El reformismo de Montazeri cobra en las actuales circunstancias -de abuso manifiesto del poder por parte de Ali Jamenei, el Líder Supremo- un relieve de acusada significación, por cuanto que la suya no es sólo una postura circunscrita a la denuncia del pucherazo, en cuya virtud Ahmadineyad avergonzará internacionalmente a los iraníes, sino porque lleva su disidencia con la actual cristalización del régimen hasta objetar la confusión entre la autoridad religiosa y el poder político. Algo que, en suma, significa la crítica a la índole integrista del sistema de poder implantado en Irán con la revolución de 1979.

Resulta muy elocuente el caso de Montazeri respecto del giro que está tomando la crisis iraní a partir del escándalo electoral habido con las elecciones del pasado día 12. Ya no es sólo la escindida manera de entender el régimen, con los ayatolás renovadores representados por Musavi de un parte, y los recalcitrantes de Jamanei por otra. Montazeri, como digo, va a más. Expresa un salto cualitativo, en tanto que rebasa la gradualidad y está promoviendo un sistema de poder distinto al que concibió el ayatolá Jomeini cuando fundó la República Islámica de Irán. Importante ahora sería conocer hasta dónde se acepta, en el reformismo de los ayatolás iraníes, el radicalismo crítico de Montazeri. Por aquí se hubiera dicho antaño que este Montazeri es un liberal peligroso...

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