Lunes 12.11.2018

Sobre la utilidad de Podemos

Manuela Carmena se presentará a alcaldesa pero dejando claro que ella no es de Podemos, Teresa Rodríguez le ha puesto otro nombre a su proyecto político andaluz, Xavier Domènech se va (qué pena) y Colau prefiere liderar en nombre de els comuns y está En Marea y, bueno, parece que el orgullo morado (si atendemos a cierta paranoia política) se halla de capa caída.

Y, sin embargo, Podemos existe y goza de una razonable salud teniendo en cuenta que la prensa es prácticamente bipartidista por definición y la formación de Pablo Iglesias, Irene Montero, Ione Belarra, Rafa Mayoral, Noelia Vera, Íñigo Errejón y tantas otras fulgurantes figuras políticas sigue recibiendo ataques y desdenes a diario.  Pese a lo cual aguanta en las encuestas como fuerza fundamental en la construcción de una alternativa de progreso (si es que nos creemos las encuestas, que esa es otra).

Cunde, no obstante, la superstición de que reivindicarse como parte de Podemos dejó de ser sexy y carece de poder de seducción ante el electorado. Y, sí, Podemos ha de recuperar su autoestima y explicar, por ejemplo, su esfuerzo en empujar al gobierno de Pedro Sánchez hacia políticas verdaderamente progresistas.

Hay, no obstante, una anomalía en la opinión publicada y las tertulias. Son los propios dirigentes de Podemos quienes se defienden en los platós o en tribunas de prensa porque opinadores y opinadoras son abrumadoramente afines al PSOE o del PP y muy pocos se ubican cerca de las nuevas formaciones políticas. En eso todavía no se ha derrotado al bipartidismo.

Hace unos días escuchaba a una tertuliana ¿progresista? asegurar que no creía que Pablo Iglesias fuese a mantenerse leal al Gobierno por la intrínseca maldad del líder de la formación morada, recurriendo al cuento del escorpión y la rana para argumentarlo. Es una excelente muestra de cómo da igual lo que haga Podemos para ciertos nostálgicos de los “buenos viejos tiempos” en que PP y PSOE jugaban al turnismo. Su esperanza es que Podemos desaparezca y vuelva a ser el PSOE la única fuerza a un lado del escenario.

Lo cual sería un desastre democrático ya que Sánchez (a la mínima ocasión) vuelve al estilo de izquierda flojita que ha caracterizado al PSOE desde la Transición. Véase el lío con Arabia Saudí, la desaparecida tasa a la banca, la ausencia de todo debate sobre qué hacer con la reforma laboral y tantos y tantos asuntos que se están posponiendo para otro momento que, si nos descuidamos, nunca llegará.

A Podemos se le ataca con razón o sin ella y se retuercen titulares para que, pongamos por caso, la buena nueva de que Manuela Carmena vaya a pelear otra vez por hacer un Madrid mejor se convierta en un varapalo para la formación morada. Ante dicha interpretación escuché  a Antón Losada apuntar muy pertinentemente: “Hombre, lo de Carmena es mala noticia (más bien) para PSOE, Ciudadanos y PP y no exactamente para Podemos”. Una obviedad que ciertos editorialistas intentan ocultar. Aún cuando quizás Manuela Carmena tendría que mostrar cierto cariño y agradecimiento a quien la convenció para presentarse como candidata al Ayuntamiento de la capital.

Sea como sea, la votaremos (¿verdad, James Rhodes?).

El caso es que Podemos vive y continúa siendo una herramienta absolutamente útil para cambiar España. Sí se pudo y sí se puede y, como recomendaba Siniestro Total en un memorable LP, ante todo mucha calma. La política en toda Europa es una montaña rusa y Matteo Renzi iba a liderar una socialdemocracia pujante (junto a Martin Schulz, no lo olvidemos) y ahora pena en tierra de nadie.

Tal vez ya no suene tan chic declararse simpatizante de Podemos como en otros tiempos pero tampoco hay que avergonzarse. Si usted vota a la formación liderada por Pablo Iglesias, no tiene por qué ocultarlo. Fuera complejos. Y ya veremos.