martes 13/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

Una agresión ilegal a la familia y a la escuela

editorial

No hay otra. Más tarde que pronto, lo decidirá el Tribunal Constitucional. No parece existir otro muro de contención más sólido ni propicio frente a los ‘planes legislativos’ del gobierno de España y sus socios de convertir la primera lengua del Estado no en una más sino en una lengua degradada, relegada y apestada, en definitiva, en las denominadas ‘Comunidades Autónomas históricas’: un auténtico bochorno, una infumable astracanada.

No hay ninguna novedad en que un ejecutivo nacional, tanto al negociar sus propios apoyos parlamentarios en la investidura como en el propio tira y afloja que precede a la aprobación de presupuestos, ceda a las presiones y aun al chantaje de regionalistas, nacionalistas y separatistas excluyentes. Lo hizo González, como Aznar, como Zapatero y, por supuesto, Rajoy. Pero hay determinadas líneas rojas que no es que no proceda rebasar, es que de cruzarse hacen ingresar esas capitulaciones, de hoz y coz, en el terreno de la ilegalidad.

No estamos hablando aquí de que haya un inquilino en La Moncloa que beneficie a unas regiones en detrimento de otras y, en consecuencia, discrimine a éstas últimas, sea Extremadura, La Rioja, Murcia, Madrid o Baleares (los ciudadanos llevamos ya este deplorable fenómeno con cierta resignación). El problema es aquí muy distinto en su naturaleza y en su envergadura, que es muy superior.

La deriva autoritaria que ha llevado incluso a establecer una Comisión Permanente de vigilancia a los medios de comunicación y los periodistas libres tiene su continuación en esta maniobra de control de la enseñanza proscribiendo el castellano. Algo que no permite la Constitución. Algo que no deberían permitir los centros de enseñanza. Algo a lo que, sin duda, se opondrán las familias. No se trata simplemente de una agresión a la Carta Magna. Se está dirimiendo la buena educación o la ruina, por puro empobrecimiento y catetismo, de las generaciones venideras. No, no y no.

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