Mujeres en Marruecos; todo se paga con sexo

Más de 4.500 migrantes subsaharianas se encuentran atrapadas en Marruecos, presas de redes de tráfico de personas, en espera de la ocasión de cruzar a Europa

"Algunos hombres se nos acercaron y nos dijeron: 'Necesitamos mujeres'. Les pregunté por qué. Entonces empezaron a pegarme... Me violaron durante cinco días, uno tras otro... Llorando imploré a Dios que obrase un milagro y me ayudase a escapar. Deseas estar muerta. Pero la muerte no llega". Alice es congoleña y huyó de su país tratando de escapar del destino fatal de un sangriento conflicto bélico. La visión de una vida mejor en Europa guió sus pasos en un trágico viaje hacia el norte del continente, donde Marruecos se convirtió en la trampa en la que ha quedado bloqueada desde hace cinco años.

Su testimonio no es único.  Marienne, Aurelie, Precious. Todas estas mujeres se esconden detrás de nombres ficticios, pero no es lo único que tienen en común. Procedentes de distintos países africanos,  se encuentran marcadas  por esa misma ruta hacia el norte, que no sólo no les condujo a un lugar mejor, sino que les mostró la cara del horror africano relacionado con la migración: malos tratos, violación, agresiones, desamparo y sufrimiento.

Cientos de mujeres de la República Democrática del Congo, Nigeria, Camerún y Costa de Marfil, en su mayoría, se ven obligadas a huir de sus países a causa de conflictos bélicos, persecuciones políticas y el padecimiento de violencia y abusos domésticos. Europa es el destino último, y Marruecos, la antesala para cumplir su sueño. La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras ha elaborado un informe basado en las experiencias sufridas por casi 70 mujeres víctimas de los abusos sexuales y de la violencia fruto de su condición vulnerable, que actualmente se encuentran indefensas y atrapadas en Marruecos.

El viaje que cambió sus vidas

"Vinimos a pie. Para hacer este viaje a pie tienes que ser muy fuerte. Sólo tienes el agua que llevas encima, y cuando se acaba tienes que beber el agua de los camellos", relata Alice sobre la travesía del desierto, que tuvo que asumir junto a varios niños, hijos de otras migrantes como ella. Muchos de ellos murieron a causa de la deshidratación. La región desértica representa un punto crítico en el recorrido, ya que las mujeres suelen viajar hacinadas en vehículos fletados por personas que negocian con sus vidas, que funcionan como si de pateras se tratara; sin agua y sin comida. Resulta habitual en algunos tramos que las mujeres se vean obligadas a bajar de los coches y continuar la travesía por el desierto a pie, con el fin de evitar el control de las autoridades.

O.A., una migrante de 26 años, se vio forzada a dejar su país por la guerra. Ya en Mauritania, un camionero le propuso llevarla escondida para pasar el desierto. En mitad del camino, el hombre, junto con otro compañero que viajaba en el vehículo, la obligó a bajar, la golpearon y uno de ellos la violó. La dejaron tirada sobre la arena, en medio de ninguna parte, y ambos se dieron a la fuga.

El 45% de las migrantes subsaharianas sufren violaciones durante el viaje hacia Marruecos

La violación, al igual que la muerte, está irremisiblemente ligada a este camino al infierno. Según el informe de MSF, el 45 por ciento de las migrantes subsaharianas sufren episodios de violencia sexual durante el recorrido, no sólo por parte de las redes que les prometen conducirlas a su destino, sino de delincuentes que se encuentran a su paso.  Al igual que Alice y que O.A., Aurelie también padeció la violencia sexual durante el trayecto migratorio. De Nigeria viajó a Benín, y de allí, a Mali, donde comenzó su pesadilla. "Fui violada en Mali, lo que me produjo miedo. La noche que llegué fui violada, y me tuve que quedar allí. Tuve que soportar aquel tipo de vida, pues no tenía bastante dinero", recuerda.

Agresiones, embarazos no deseados y el virus del sida son las consecuencias primeras de los abusos sexuales a los que se ven sometidas estas mujeres. Su desamparo y falta de recursos contribuyen asimismo a prolongar una ruta que se torna interminable. A menudo, caen en redes de tráfico de personas que las retienen entre país y país hasta que generen dinero para pagar los gastos y poder así continuar el viaje hacia el norte.

"Todo se paga con sexo"


Los peligros de la ruta migratoria siguen agudizándose conforme se acerca el paso a Marruecos. La frontera con Argelia dibuja una delicada línea donde la vulnerabilidad de las mujeres se dispara hasta el infinito. Maghnia y Oujda, ciudades argelina y marroquí, respectivamente, marcan los límites fronterizos entre ambos países, y se convierten en territorio comanche para la violencia y nuevos abusos. Casi el 60 por ciento de las mujeres atendidas por Médicos Sin Fronteras en Marruecos admitieron haber sufrido violaciones al pasar por Maghnia rumbo a Oujda. "Una recién llegada a Maghnia es de quien quiera; no puede negarse, no puede irse, todo se paga con sexo", declara un subsahariano de 31 años , también emigrante, que conoció la situación en esta zona.

"Sobre todo en Maghnia violan a las mujeres", explica Precious. "Cuando llegas, dices que no quieres estar con ningún hombre y te violan. Y no será uno el que te viole, serán más...", asegura. Procedente de Nigeria, Precious fue violada y tuvo a un hijo fruto de esos abusos sexuales. Ella también conoce la primera realidad de Marruecos, la entrada en Oujda: "Muchas chicas están sufriendo en Oujda. Ellos cogen a una o varias mujeres, las traen y las encierran en una casa. Y cuando quieren, vienen y les dan de comer; y si no quieren, simplemente las dejan allí. Hasta que les pagues el dinero que te piden".

Muchas chicas sufren en Oujda: ellos cogen a varias mujeres y las encierran en una casa

En la frontera con Argelia también reside el peligro de la expulsión. Aunque oficialmente el paso se encuentre cerrado, los subsaharianos detenidos por las autoridades marroquíes en esta zona habitualmente acaban siendo abandonados en este punto, un territorio desértico. Las expulsiones suelen producirse por la noche, lo que incrementa la vulnerabilidad de los migrantes. 

La trampa de Marruecos


En la actualidad, se estima que 4.500 migrantes subsaharianas están atrapadas en Marruecos, la antesala del destino último con el que sueñan: el paso a algún país europeo. El endurecimiento de las leyes de inmigración en la Unión Europea y los acuerdos con el Gobierno marroquí para un férreo control de las fronteras ponen un importante grano de arena para que centenares de mujeres queden a la deriva de redes de tráfico en este país, que funciona como una suerte de limbo donde no hay posibilidad de avance, pero tampoco de retorno.



"Aquí no hay trabajo. Las mujeres aquí si no tienen un hombre no pueden sobrevivir, a menos que hagas la prostitución. Es difícil", explica Aurelie. "La situación de las mujeres aquí es tan mala porque no hay nada con lo que puedas sobrevivir. Si no sigues a un hombre, si no eres pareja de uno, no hay manera", sigue Alice. La joven congoleña se quedó embarazada tras una de las múltiples violaciones sufridas durante el trayecto y fue abandonada junto a su bebé en Marruecos, donde vive mendigando. "Crees que al llegar a Marruecos serás feliz. Te hundes cada día más. Mucho sufrimiento... Mucho sufrimiento".

Marienne, de Camerún, tuvo que huir de su país tras ser asesinado su hermano por facciones guerrilleras, y desde su inestable situación en Marruecos, reconoce la dificultad de salir adelante: "No llegas a valerte por ti mismo. No se viene a Europa por placer, lo que pasa es que verdaderamente nunca llegas a apañártelas y a menudo no hay otra solución. Desde que estoy en Marruecos ha habido como cuatro naufragios. Gente que yo conocía, gente que he visto antes de que cogiesen esa patera..." La supervivencia diaria en terreno marroquí está ligada a la prostitución. Marienne explica que eran obligadas a "ir con hombres" sólo para poder conseguir alimentos.

La supervivencia diaria en Marruecos está ligada a la prostitución

Solas y desprotegidas

La indefensión de estas mujeres emana de cada una de sus palabras. No confían en que nadie pueda ayudarlas. De hecho, son muy pocas las que se atreven a denunciar su situación ante las autoridades del país debido a su condición de "irregulares". Además, tampoco saben adonde acudir, a pesar de que el Gobierno de Marruecos está realizando esfuerzos en poner a su disposición recursos locales para dar una respuesta a su desesperanza. Asociaciones locales, a través de departamentos ministeriales, articulan una serie de planes para luchar contra la violencia que sufren las mujeres, aunque responsables de MSF advierten de que los recursos son limitados y poco conocidos. "El Gobierno marroquí debe garantizar una atención integral que vaya más allá de los aspectos puramente médicos y que incluya otros como los legales, sociales, económicos y de protecctión", afirma Alfonso Verdú, coordinador de Operaciones de la organización humanitaria en Marruecos. Los datos no dejan lugar a dudas: entre mayo de 2009 y enero de 2010, 1 de cada 3 mujeres atendidas por MSF en Rabat y Casablanca admitieron haber sufrido vejaciones sexuales. Y sólo representan la punta del iceberg, ya que muchas niegan haber sido violadas por la estigmatización cultural que ese hecho supone.

De este modo, miles de mujeres indefensas y sin recursos vagan sin esperanza, perdidas y atrapadas en la penúltima parada del viaje más largo de sus vidas, el viaje al infierno que les arrebató incluso el derecho a su propio cuerpo.