lunes 18/10/21

El adiós de Mario Benedetti

El escritor Mario Benedetti falleció ayer, domingo por la tarde, en Montevideo, a los 88 años años de edad. Bautizado como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti, había nacido el 14 de septiembre de 1920 en la ciudad de Paso de los Toros, Tacuarembó. Su terruño no fue retablo de sus ficciones, como suele serlo en muchos escritores; sus poemas, cuentos y novelas se ambientan en Montevideo.

Mario Benedetti se inició en el periodismo; escribió para los periódicos La Mañana y El Diario, y en el semanario Marcha. La crítica lo sitúa en la llamada "Generación del 45", junto a escritores como Carlos Martínez Moreno, Mario Arregui, Juan Carlos Legido, Carlos Maggi, el crítico Ángel Rama, y poetas como la recientemente fallecida Idea Vilariño e Ida Vitale. Juan Carlos Onetti, el mayor novelista uruguayo, ponía distancia con ese grupo y decía que pertenecía a la "generación del 44".

Los mundos cerrados de las oficinas públicas fueron esenciales en la temática abordada por Mario Benedetti. Ese cosmos singular, ese paisaje, ese modo de percibir el mundo, lo atrapó con sagacidad en sus "Poemas de la oficina" y los cuentos "Montevideanos", donde describió hombres y mujeres de sueños modestos, encerrados en sus miedos, amores e hipocresías, y de los que trazó agudos retratos. Sus obras mayores son sus novelas La tregua (que fue llevada al cine) y Gracias por el fuego.

A tono, y a veces contra su tiempo, utilizando un lenguaje fácil, su comunicación con sus lectores superaba con creces a la de cualquier otro poeta. Así, Benedetti escribió su poesía apelando a temas vinculados con la política, el erotismo, la ingenuidad y el populismo, y los arquetipos que estaban en él, para decirlo con unas palabras de Charles Lamb (de los "Ensayos de Elia"). Estas condiciones estéticas finalmente condicionaron su obra. Entre ellas, El cumpleaños de Juan Ángel, las páginas de Vivir adrede, los poemas de El mundo que respiro o su Rincón de Haikús, donde podemos leer: "reveló el papa/ que no hay cielo ni infierno/ vaya noticia"; "te espero en tierra/me dijo la azafata/ pero ni vino"; "el viejo sócrates/ fue obligado a beber/ cicuta cola".

Militante de izquierdas, fue leal a una época y unas ideas, las que le permitieron ir a Cuba y trabajar para Fidel Castro durante varios años. Tras la dictadura volvió a Montevideo; desde entonces vivía entre esta ciudad y Madrid. En su dilatada carrera recibió diversos galardones, como el Premio Reina Sofía (en 1999), Premio Martí (2001), Menéndez Pelayo (2005), y en Uruguay, el Premio Nacional de Cultura (compartido con Julio C. da Rosa).

Mario Benedetti, que creía en la utopía, escribió sus poemas lejos de la metafísica y coincidiendo con el conformismo, como se advierte, por ejemplo, en El mundo que respiro, donde se puede leer:

Ha sido un escritor muy buscado y seguido por sus lectores. Debe señalarse, asimismo, que numerosos poemas suyos fueron musicalizados y alcanzaron amplia difusión dentro y fuera de fronteras.

Ahora que no está, ha dejado casi ochenta libros publicados, pero, sin embargo, no se advierten señales de su influencia literaria en generaciones de escritores posteriores, como ocurriera, por ejemplo, en su tiempo, con Juan José Morosoli, en la narrativa rural, y Juan Carlos Onetti en la novelística urbana.

Modesto en la elección de sus temas, como en las paradojas de T. S. Eliot, en Little Gidding, quizá buscó acercarse al "portal desconocido, recordado". Hallarlo, se sabe, supone una cuota de dolor, pero una vez que se atraviesa podemos -decía Eliot- "llegar adonde empezamos". Seguramente así lo pensaba, en su alta ancianidad, cuando pasó de un sueño al otro.

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