jueves 2/12/21

La futura moneda globalI. El renmimbi, del cambio fijo a la revaluación, con las pretensiones chinas de gran potencia

Algo se mueve en el G-20 en relación con la necesidad de una moneda global para sustituir al dólar. En ese sentido, hay que recordar una fecha: el 21 de julio de 2005, cuando se produjo el primer movimiento de revaluación del yuan; al pasar de 8,3 a 8,11 unidades por dólar, en lo que técnicamente se denomina flotación sucia intervenida desde el Banco Central de China. Y que del 2005 al 2009 sólo ha permitido una revaluación a 6,82 yuanes por dólar, con un ritmo demasiado lento para los países occidentales.

Pero China puede hacer lo que quiera, porque tiene unas reservas internacionales de más de dos billones de dólares, las mayores del mundo, que en gran parte están invertidas en bonos del Tesoro de EEUU, lo que es la base de una auténtica simbiosis económica de ambos países. Situación que va a ir a más, pues la posición negociadora de Pekín será de creciente relevancia en la escena monetaria internacional.

Más concretamente, en el 2010, el FMI procederá al reajuste de las cuotas de sus Estados miembros, y se supone que al mismo tiempo cambiará la composición de la cesta de monedas creada por el propio FMI en 1969, los Derechos Especiales de Giro (DEG), cuya composición actual es la siguiente: dólar estadounidense, 44 por ciento; euro, 34 por ciento; y yen y libra esterlina: 11 por ciento.

En esa doble ocasión del 2010, China podría solicitar el derecho de incorporar su renmimbi a la cesta del DEG, y al tiempo tratará de conseguir una cuota importante a efectos de la Junta de Gobierno del FMI. En esa dirección, el gobernador del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, insiste en que el renmimbi ha de tener mucho más peso en la economía mundial, para no depender tanto de la fluctuación del dólar. Y ha llegado a preconizar no sólo el mayor uso de los ya citados DEG, sino incluso la creación de una "supermoneda de reserva", que sería el resultado de una cesta de divisas integradas por dólar, euro, yuan y yen.

En teoría, esa nueva moneda global sería más estable que el dólar, al estar "desconectada de las condiciones económicas e intereses soberanos de cualquier país", y también por ser controlada por el FMI.

La postura oficial de EEUU en el tema se centra en mantener un dólar fuerte, para que no se retraigan las inversiones chinas en deuda estadounidense. A ese propósito, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, afirmó, en junio del 2009, que el sistema financiero de EEUU se estaba recuperando. Y poco después, en un discurso en la Universidad de Pekín, garantizó que la Administración de Washington DC reduciría su déficit fiscal, concluyendo que "los fondos chinos en dólares están a salvo". Una aseveración que provocó las risas de los estudiantes pequineses, claro síntoma de su escepticismo, y también como crítica a las políticas de Pekín: resulta absurdo para un país como la República Popular, aún en muchos aspectos en vías de desarrollo, invertir en deuda pública extranjera y posponer la mejora de la calidad de vida de sus propios ciudadanos.

Pero los principales economistas de EEUU son menos diplomáticos que Geithner. Entre ellos Robert Mundell, premio Nobel de 1999 por su teoría de las áreas monetarias óptimas, quien viene criticando desde hace décadas la debilidad de un sistema basado en una única moneda de reserva como el dólar. Situándose también dentro de esa misma corriente Martin Wolf ("una economía global requiere una divisa global"), y Joseph Stiglitz. Quien aduce que "el actual modelo basado en el dólar es insostenible". Por ello, el Comité Especial que lidera Stiglitz en el marco de las Naciones Unidas plantea establecer una nueva versión de los DEG que estaría controlado por el FMI; en la misma línea que la tesis sostenida por China.

En la misma línea, Nouriel Roubini, profesor de la New York University, avisa de que el billete verde tendrá cada vez más retos provenientes de otras monedas; con la posibilidad de que se configure una moneda-cesta asiática basada principalmente en el renmimbi, y previendo que el siglo XXI será el siglo de China (la misma apreciación de Ramón Tamames en su libro, precisamente, de ese mismo título y de un año antes).

La siguiente pregunta es: ¿ha llegado el momento de hablar de estas cosas ya definitivamente en serio? Parece que sí, como lo demuestra la circunstancia de que una serie de proyectos sobre la creación de nuevas monedas comunes, de carácter más o más regional, han ido siendo abandonadas en los últimos años.

Ése fue el caso del peso centroamericano, inicialmente concebido dentro del Mercado Común Centroamericano. Y lo propio sucedió con la unidad monetaria prevista por el Consejo de Cooperación del Golfo, después de que Kuwait y Omán se retiraran del proyecto. En cuanto al Mercosur/Mercosul (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y algunos otros países asociados), las ideas de un Tratado de Maastricht a la sudamericana no prosperaron. En definitiva, parece estar claro que ya nadie percibe como razonable crear una moneda común regional. Y es que carece de sentido, cuando la globalización ya impulsa por doquier la idea de una moneda global. Sólo a Hugo Chávez en sus jaculatorias onírico-anticapitalistas se le ocurre ahora, más para la galería que otra cosa, hablar de una moneda común para su fantasmagórica ALBA, la presunta Alianza Bolivariana Americana. Y es que como decía El Guerra, "hay gente pa tó".

Seguiremos la próxima semana, y esperamos siempre los comentarios de los lectores de ESTRELLA DIGITAL ([email protected]).

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