jueves 27/1/22

Madrid - Las Vegas

Se supone que con el propósito de obtener las mejores condiciones para la implantación de su negocio en España, el magnate del juego Sheldon Adelson, presidente y máximo accionista de "Las Vegas Sand", alimenta la incertidumbre sobre el lugar en el que emplazaría finalmente su emporio "Eurovegas": Cataluña o Madrid. "¿Quién me da más?", parece decir el señor Adelson, que, como se sabe, condiciona su aterrizaje a que no vaya con él la legislación española en lo referente a trabajo, fiscalidad, antitabaco y extranjería, o sea, que no vaya con él en absoluto la Ley que impera en España, aunque esto de imperar parece mucho decir. Tanto decir parece, que si al norteamericano se le exonera de cumplir las leyes, es que las tales no imperan ni mucho ni poco en nuestro país, cuyos dirigentes accidentales parecen dispuestos a enajenar una porción de soberanía nacional, incluso física, a cambio de los billetes que creen que trae el magnate, cuando lo cierto es que, cual es consustancial a todo negociante, vendría a llevarse billetes, y no a traerlos.

Dejando a un lado el aspecto moral, esa cosa del juego, que constituye el 90 por ciento del asunto, llama la atención, por patética, la actitud de los políticos españoles, rendidos de antemano al espejismo de los 200.000 empleos que, con evidente exageración, enarbola el de Las Vegas como señuelo. Los mismos políticos responsables del paro y de la catastrófica situación económica resignan en este particular y en su inquietante línea de negocios la creación de puestos de trabajo, o lo que sea eso que no se sujetaría ni a la actual y neoesclavista legislación laboral.

Los alcaldes del Baix Llobregat están pujando fuerte para que Sheldon plantifique el macrochiringuito en su territorio, pero la presidenta de la Comunidad de Madrid, Aguirre, parece guardarse, nunca mejor dicho, un as en la manga: no le preocupa, pues, según ella, se ha reunido ya cuatro o cinco veces con Sheldon, y hay "filing". ¿Cuatro o cinco veces? ¿Sí? ¿Y qué le ha dicho? ¿Y qué le ha ofrecido de lo que, en puridad, no le pertenece?


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