sábado 14.12.2019

Las preocupaciones económicas

Si alguien tenía alguna duda sobre el impacto que pueda tener la crisis económica en la imagen del Gobierno y, a la postre, en las expectativas electorales de Zapatero y el Partido Socialista de cara a las próximas elecciones, los resultados del barómetro del CIS aportan algunas aproximaciones. Los dos principales problemas que valoran los españoles a estas alturas son el paro y la mala situación de la economía, con un grado de penetración del 78% en el primero de los casos y del 45% en el segundo. Queda mucho trecho hasta la próxima cita electoral, que parece lógico suponer que será retrasada al máximo sobre la fecha natural (primavera del año 2012), ya que la celebración en el cuarto aniversario de la última consulta dará en teoría más margen al Gobierno para recomponer su figura, pues apenas hemos llegado al ecuador de la actual legislatura.

A mucha distancia quedan los demás asuntos, ya que el tercero en discordia, que no deja de resultar preocupante desde el punto de vista de la solidez de la democracia española, es la mala imagen de los políticos, con algo menos del 17%. La clase política está siendo identificada a estas alturas como un auténtico problema nacional, lo que a la postre puede ser un reflejo adicional del pesimismo sobre el estado de la economía en la medida en que ni Gobierno ni oposición han logrado convencer a los ciudadanos de que poseen el control de los resortes para sacar al país de la postración económica. Otros dos invitados habituales del catálogo de preocupaciones de los españoles encuestados, la inmigración y el terrorismo, están a punto de desaparecer de la lista, muy relegados a las posiciones más bajas de la tabla de problemas nacionales.

Si se proyecta el estado de ánimo de la población sobre el calendario electoral y se manejan hipótesis razonables en relación con el ciclo económico, incluso en las hipótesis menos optimistas, España afrontará las próximas elecciones generales con una economía en estado de recuperación aunque posiblemente con cifras no mucho mejores que las actuales en cuanto a niveles de paro y estado de las cuentas públicas. El año 2010 no va a ser un camino de rosas y coincide la mayoría de los expertos y organismos internacionales en señalar que España está lejos de haber puesto los cimientos adecuados para salir de esta crisis con un mínimo de empuje. En estos momentos, y a la altura actual del ciclo, no importa tanto saber cuándo el PIB empezará a aportar signos positivos en su evolución trimestral o anual sino con qué capacidad de recuperación saldremos de la crisis.

No es lo mismo salir con una industria deteriorada y falta de competitividad que con un sector industrial agresivo y con expectativas claras de triunfar en los mercados. Tampoco es lo mismo salir de la crisis con un déficit anual del 3% que hacerlo con toro del 8%, como quizás tengamos que afrontar en el año 2011, si se cumplen las previsiones más generalizadas. Como tampoco es lo mismo afrontar la salida de la crisis con un nivel de deuda del 80% del PIB que hacerlo con un nivel del 40%, que es como estábamos al principio de esta crisis, antes de que el Gobierno empezara a utilizar con escasa fortuna la máquina de fabricar ayudas y estímulos a la actividad económica, malgastando unos recursos que deberían haberse utilizado con mayor perspicacia. Estos rasgos pueden causar problemas a la financiación de la economía en la medida en que pueden presionar al alza los tipos de interés, dificultando con ello una más rápida vuelta al equilibrio fiscal que nos demanda la Unión Europea, lo más próximo posible al 3% de déficit anual sobre el PIB.

El potencial de crecimiento de la economía española será, por tanto, más que el momento en el que empiecen a aflorar los primeros signos de PIB positivo en nuestra Contabilidad Nacional, la piedra angular que contribuirá a configurar al estado de ánimo de los españoles que deberá reflejar el Barómetro del CIS en los meses anteriores al inicio de la campaña electoral, allá por las Navidades del año 2011 y primeros meses del año 2012.

Aunque no siempre se puedan medir estas cosas en términos de frías cifras, si el balance de la economía española en el año 2011 muestra un PIB del entorno del 1%, estaremos ante un claro problema de fracaso económico. Si, por el contrario, el país toma carrera y empieza a crecer a ritmos próximos al 3% o incluso el 4%, que son los que había cuando Zapatero inició la actual legislatura, sus posibilidades electorales serán manifiestamente mayores. Hoy por hoy, y visto lo que se ha hecho, más bien poco y de escasa calidad, la primera de las hipótesis (es decir, una salida lenta de la crisis, que se prolongará durante varios años) es la más plausible. Mucho tendría que cambiar la política económica para dotar a la economía española de los rasgos de vitalidad que permitieron su expansión en los años anteriores. En los últimos días, varios organismos internacionales y alguna de las agencias de calificación de riesgos (Moody's, la última) nos han invitado a una actitud de mayor beligerancia a la hora de coger el toro por los cuernos, por decirlo de forma castiza. Es una invitación que habría que tomar en consideración, incluso si la fiesta nacional no pasa por sus mejores momentos en cuestión de aceptación política.

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