domingo 26.01.2020

Maletines, Badiolas y Jesulis

El presidente de la Real Sociedad de San Sebastián ha hecho público algo que para los aficionados al fútbol era poco menos que un secreto a voces: se pueden comprar partidos en las categorías de élite del fútbol español. Es lo que se extrae de una conversación telefónica grabada entre Iñaki Badiola y el ex jugador del Tenerife Jesuli, donde el mediapunta reconoce haber cobrado entre seis y siete mil euros por la derrota de su equipo ante el Málaga en la última jornada de la temporada pasada. Una victoria chicharrera podría haber apeado del ascenso a los malacitanos y aupado a los donostiarras a la categoría de oro del fútbol español.

Durante años hemos oído hablar de este asunto, pero nadie ha podido -o ha querido- demostrarlo. Se trata de los famosos "maletines" que aparecen en diversos campos de Primera y Segunda división en las jornadas finales de cada temporada. Supuestamente, unos sirven de prima para motivar a jugadores de terceros equipos a vencer a rivales directos. Otros se utilizan para facilitar la derrota del conjunto que recibe dicha prima. El problema es que, cuando se cobra para perder, deja de ser un incentivo. Se llama soborno, y es una práctica ilegal.

Tanto Jesuli como las directivas y jugadores de Málaga y Tenerife se han apresurado a desmentir dichas informaciones. El sevillano asegura que nunca hizo referencia a los cobros que presuntamente recibieron él y sus compañeros. También reclama que Badiola le grabó sin su consentimiento. Pero lo cierto es que la cinta existe. Las declaraciones también, y se han escuchado en las emisoras de radio de todo el país. Distinto sería discutir si sus palabras están alteradas, o incluso si pertenecen al jugador o no. Pero, de momento, éste no ha dicho ni lo uno ni lo otro.

Lo ocurrido reabre el debate sobre las primas a terceros, a la vez que exige una actuación rápida y eficaz de la justicia española. No sólo de las instancias deportivas. Hay que ir más allá. Si en efecto existe un caso de soborno significaría la alteración de la competición, además de una estafa directa para aquellos aficionados que apostaron en la Quiniela aquella jornada, por ejemplo. Hay que investigar los hechos hasta el final, castigar a quien lo merezca y no permitir que nadie quede impune. Los aficionados somos los primeros perjudicados. Y también queremos justicia.

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