viernes 18.10.2019

La transparencia paleta

Le he escuchado muchas veces a mi tía Pascualina decir que vivimos en un país que pasa de la gran secada a la gran remojada. Durante mucho tiempo la opacidad del patrimonio de los cargos públicos era casi un misterio, pero estamos a un paso de confundir la transparencia con la falta de intimidad económica. Según me voy informando, a los nuevos alcaldes sólo les faltará publicar una lista de gastos de ropa interior y una relación detallada de lo que invierten en el supermercado y qué clase de jamón adquieren.

Estoy a favor de la declaración de bienes de quienes tienen que administrar el dinero de los contribuyentes, pero me parece que esa información debería quedar reservada al ámbito de los partidos políticos, es decir, de los concejales de la oposición y de la propia formación política. La empresa privada, que es muy estricta con sus ejecutivos, no obliga, por ejemplo, a que un jefe de compras informe a todos los empleados de la empresa del estado de sus cuentas, y de si tiene un plan de pensiones así o asá. Y por las manos de un jefe de compras de una gran empresa pasan cientos y, en determinados supuestos, miles de millones de euros. Algunos altos ejecutivos renunciarían a su puesto si les obligaran a dar cuenta detallada de lo que se han gastado con su familia en las vacaciones, y en qué emplean lo que ganan. Y las ciudades pueden verse privados de algunos buenos alcaldes, no porque sean ricos, sino porque hay un alto porcentaje de personas que sienten rubor de exponer al público en general sus gastos y sus ingresos.

No me parece mal que el portavoz parlamentario de la oposición pueda acceder a la declaración de ingresos y patrimonio de un gobernante, depositada en el Congreso, pero vamos a llegar a la transparencia paleta si cualquier adolescente, desde el ordenador de su casa, dándole al botón de la página web, puede conocer dónde está situado el apartamento de vacaciones de su alcalde, en cuanto está valorado y qué gastos de comunidad abona.

Ya hemos hecho el ridículo en Europa con una transparencia de los presupuestos de la Casa Real, que parecen datos de dueñas murmurados en un patio de vecindad, y parece que vamos a hacer lo mismo con los alcaldes. Por cierto, el corrupto será corrompido igualmente, porque los corruptos no son tan estúpidos como para declarar las mordidas.

La transparencia paleta
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