viernes 20.09.2019

Empujones impacientes

Me causa cierto aburrimiento acercarme a la política doméstica, de la misma manera que me aburriría bastante acercarme al plan urbanístico de una capital de provincias. El mundo está cambiando, va a transformarse de una manera imprevisible, pero nosotros estamos muy entretenidos en el partido de fútbol que hemos organizado en el patio del colegio, y donde parece que la solución es que a Mariano Rajoy le echen fuera de la alineación. Los argumentos son exactamente iguales a los que podrían pedir que cambiaran al capitán del equipo de los socialistas, Pedro Sánchez, pero parece que lo que sirve a un lado no sirve al otro. De pronto, se dice que los grandes varandas del Ibex 35 verían con simpatía que Rajoy diera un paso al lado, pero por razones más profundas, algunos de los patronos del Ibex 35 también deberían dar paso a otro presidente en el consejo de administración, porque ni olieron la caída de Brasil, ni han sido previsores en lo de China, ni parecen tener una idea más brillante que el último y más modesto de sus accionistas.

A Europa le coloniza la pobreza por el sur, y la riqueza por Oriente

Los últimos españoles que todavía confiesan que les gusta el boxeo son Manuel Alcántara y José Luis Garci, y cuando había más afición, recuerdo que la peña era siempre muy del aspirante. Aquí, animamos siempre al aspirante, para que, una vez encumbrado, podamos decirle que se retire y aplaudamos al que le va a sustituir.

Un día, se levanta un banquero, o un poderoso empresario, y decide que el problema de España se llama Mariano Rajoy. Y comienza a deslizarlo entre periodistas influyentes, colegas de consejo y demás materia propagadora. Como toda corriente de opinión que aumenta, nadie se atreve a analizar sus razonamientos y su etiología. Y se convierte en un dogma. No tengo prejuicios, pero me gustaría saber qué es lo que cambiaría, aparte de debilitarse el PP todavía más. Y nadie me lo explica. Hasta la politología comienza a reducirse a la brevedad del twitter. Mientras, un socio importante de una multinacional del consulting, me informa que hace quince años tenían en India 3.000 empleados y ahora sobrepasan los 160.000. Y no quiero hablar de China. A Europa le coloniza la pobreza por el sur, y la riqueza por Oriente. Y, aquí, en España, jugamos al fútbol en el patio del recreo, creyendo que es el campeonato mundial.

Empujones impacientes
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