Domingo 16.12.2018

Prefiero que me incineren a que me entierren, y prefiero ambas cosas a su bigote

Si se quitara del todo el bigote no nos costaría tanto trabajo creer que, de todos los espermatozoides, él fue el más rápido.

Si se afeitara al 100% el bigote sería como si, en las fotos de la prensa del corazón, nos mostrara un nuevo abdominal que le ha salido en el labio superior.

Si se pelara totalmente el bigote en verdad ya no se parecería a Hitler, pero tampoco a Charlot.

De hecho si se rasurara al cero el bigote sabríamos sin duda cuando habla, cuando calla, cuando llora, cuando rebuzna o solo cacarea, pero me temo que el resultado sería algo así como si por fin la vecina del 5º descorriera las cortinas: ¡toda España mirando con prismáticos a ver si se desnuda!

Ah, sí, si se quitara con decisión y sin anestesia el bigote por completo y dejara toda esa chulería facial de “mi complejo de superioridad es mucho mejor que el tuyo” a la intemperie, cuando afirmara en sede parlamentaria “yo lo hice absolutamente todo bien”, nos fijaríamos con algún detenimiento también en su rostro, y, entonces, nos recordaría demasiado a ese otro rostro desbigotado de pipiolo fabricado pieza a pieza en la Universidad Rey Juan Carlos de España y quinto de cerveza… (me reitero: ¿si Pablo Casado se hubiera dejado bigote habría ganado ya en primera vuelta?).

Ay, sí, si se quitara del todo y sin piedad el bigote y quedara, como escribió Luis Cernuda, solo la verdad desnuda en medio, le ampararía al menos el pelo peinado a lo Puigdemont y curiosamente todavía sin cana alguna, ¡chúpate esa mandarina!, que él exhibiría aún más como quien inmóvilmente canta, ante los diputados y la prensa, eso de muevo la cabeza muevo el esternón muevo la cadera siempre que tengo ocasión…

Lo confieso: prefiero que me incineren a que me entierren, y prefiero ambas cosas a que su bigote vuelva a estar de moda. Pero qué le voy a hacer si  ha vuelto el bigote a por sus fueros como vuelve Ana Obregón con su posado de verano...

Oh, España, si alguno tirara de la manta o si él se quitara del todo el bigote y nos obligara a escrutar como su cara, al mentir, se queda paralizada igual que si fuera de cera, no sé yo si el país entero no reventaría en confeti. Chis pum.

Luis Artigue, escritor

www.luisartigue.org

Prefiero que me incineren a que me entierren, y prefiero ambas cosas a su bigote

Comentarios