sábado 21/5/22

ETA matiza su lenguaje

ETA ha vuelto a lanzar un comunicado, más o menos en la línea de otros anteriores relativamente recientes, y, como viene siendo habitual, mezcla la amenaza de violencia con apelaciones a procedimientos democráticos para la "superación del conflicto político". Los sucesivos gobiernos de España, en sus contactos o negociaciones con la banda, siempre han planteado como condición fundamental para la pacificación (sin concretar en qué términos) el cese de la violencia y la entrega o abandono de las armas. Ahora, en este nuevo comunicado, ETA vuelve la oración por pasiva y dice que "la intervención y la violencia del Estado deben cesar".

La organización terrorista admite que, "más que resistir a la represión, nuestra fuerza radica en la lucha política". Y, refiriéndose al "enemigo", sostiene que "el proceso democrático no es la mejor opción, sino que es la única".

Es como aceptar a su modo que se ha quedado sin salida violenta, que la realidad le ha cerrado los caminos tradicionales y que el bloqueo de la situación no ofrece otro remedio que dinamizar a la izquierda abertzale, reconociendo su pluralidad, según se comprobó en la reciente asamblea de Alsasua, y convirtiéndola en "el eje de la lucha a desarrollar en adelante", sobre la base de su unidad. Esto parece significar que a la banda le ha perjudicado y le sigue dañando la ofensiva con que "el enemigo" (¿el del Estado o el de dentro de su propia organización?) trata de poner de relieve las divisiones internas, "con mentiras, filtraciones y supuestos disidentes".

O sea, que con el mito de que la unidad existe viene a lamentar indirectamente que no exista en sus filas o en su entorno, como han demostrado sus propias depuraciones internas y la confesión de la necesidad de que la unidad se produzca. ETA saca a relucir la doctrina Argala, expresada horas antes de su muerte en 1978, en Angelu (Francia), según ETA en una acción de guerra sucia. Para 'Argala', nombre de guerra de José Miguel Bañarán, ni ETA ni ningún partido dará "la libertad" a la llamada Euskal Herria, sino "el pueblo". Es decir, el movimiento abertzale cuyas fisuras intenta ahora taponar la banda terrorista. Claro que ETA ya no tiene a 'Argala' y que determinados nombres, catalogados siempre como "históricos", han ido desfilando hacia la cárcel. El cruel Urrusolo, entre otros y otras, desertó entre rejas pensando en el mañana, pero la organización mantiene como miembro distinguido, seguramente como actual cabeza rectora, a 'Josu Ternera', cuyos pasos tal vez no se sigan con el celo adecuado porque interese al propio Gobierno mantenerlo en paradero desconocido.

Sería temerario abonarse a la hipótesis de que ETA carece totalmente de respuesta si se le obstruyen los caminos. El certificado de defunción de la banda está por escribir. Otra cosa es que el enfermo se encuentre en situación crítica. Siempre le quedará la metralleta debajo de la almohada.

En diciembre del año pasado, Jesús Eguiguren, presidente del PSE y negociador socialista durante los contactos anteriores con ETA, llegó a conceder valor a los movimientos de la izquierda abertzale y a señalar en este sentido la "sinceridad" de las iniciativas filoetarras plasmadas en Alsasua. Poco después, el propio Eguiguren insistió en este aparente convencimiento. Lo importante -dijo- es si existe por parte de ETA voluntad de iniciar una nueva etapa política. Su autorrespuesta fue literalmente ésta: "Creo que esa voluntad la tienen".

A Rubalcaba parece que le interesó lanzar una llamada de alarma cuando anunció o atribuyó a ETA preparativos de atentado. Y añadía que éste sería "una acción espectacular". A la opinión independiente le queda el recurso de no creer en la sinceridad de nadie, empezando por no atribuirla al Gobierno. Menos, claro está, a ETA. Es posible que lo único espectacular pueda llegar a ser la artimaña que el zapaterismo emplee para despejar las sombras que en tantos y tantos asuntos perjudican su reelección. ETA pacificada a buen precio puede ser una excelente baza.

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