martes 19/1/21

CNI: el hotel de los líos o legado de cenizas

Con amplia documentación interna desclasificada, el periodista del New York Times Tim Weiner, con veinte años de experiencia sobre asuntos de la CIA, publicó hace dos años un libro sobresaliente sobre las peripecias de la Agencia y sus éxitos y fracasos. La edición en castellano la publicó Debate hace un año y merece la pena. Lleva por título Legado de cenizas, expresión que utilizó en su día el presidente Eisenhower para definir el estado de la CIA tras sus sucesivos tropiezos. La última experiencia, la de Iraq y W. Bush, tampoco ha sido edificante.

En el caso español, la agencia equivalente que incorpora a su título "inteligencia" tampoco parece disfrutar de una historia ejemplar. Además de escasos éxitos acreditados, la Casa (así la llaman en argot) parece un hotel de los líos, con una disciplina muy debilitada, conflictos de intereses permanentes y conspiraciones constantes que colocan a todos contra todos.

Por la jefatura de la agencia han desfilado coroneles y generales a los que los espías han toreado cuanto han querido; los agentes trabajan por la mañana para el Estado y por tarde para quien les reclama. Lo que se sabe, desde el 23-F hasta el 'caso Banesto', deja a los espías en muy mal lugar, no está claro si estaban con los que atacaban o con los que defendían y, en cualquier caso, no parecían estar ni con el Estado ni con la ley. Con el CNI, antes Cesid, antes Seced y antes SDEC, los líos han estado siempre servidos y los servicios a la patria han sido cuanto menos discutibles.

Dicen que ahora el CNI funcionaba bien, que cosechaba éxitos en la lucha contra el terrorismo, aunque por la propia naturaleza de su trabajo esas apreciaciones son siempre etéreas. Lo evidente es que a su anterior jefe, el primero que puso el Gobierno Zapatero, que nada tenía que ver con los llamados "servicios", se lo ha llevado por delante una conspiración interna que ha utilizado a favor la potencia de fuego del diario El Mundo y el activismo opositor del PP.

Finalmente el Gobierno, su presidente, ha decidido meter en cintura al CNI y ha enviado al teniente general más leal y apoderado para hacer cirugía fina en esa "necesidad desagradable pero vital", según palabra de un jefe de Gobierno.

El protagonismo del CNI (y sus antecesores) en la vida política nacional es desmedido, con presencia inconfesable en asuntos que van de las 'opas de Endesa' al 'caso Banesto' y a otros enredos impropios de la inteligencia. Colocar al frente de los servicios a un general de cuatro estrellas revela que el asunto es grave, más aun cuando es el general más apreciado por el Gobierno. Es evidente que va a resolver un asunto grave que requiere toda la autoridad imaginable, pero que tendrá que remover un nido de reptiles, sofocarlo y colocar a cada cual en su sitio.

La operación pasa por romper vínculos confusos, equívocos, entre lo público y lo privado, rentas de situación como resultado de vender lo mismo a varias partes, lo cual excitará sistemas de autoprotección y de defensa a lo Lampedusa, que todo cambie para que todo siga igual, con los Cassinellos siempre en todas las pomadas.

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