Viernes 21.09.2018

El “amor” al Pueblo Vasco

“Abuelo, ¿por qué está mamá en la cárcel?”, pregunta la niña de la mochila a su abuelo en la película Motxilaren umea. “Tu madre está en la cárcel por amar mucho a nuestro Pueblo, al País Vasco”, responde el abuelo. Obviando, por supuesto, que ese “amor al Pueblo” se traduce en la pertenencia a una banda terrorista que ha causado más de 850 víctimas mortales, casi 2.600 heridos, unos 100.000 exiliados y cerca de 10.000 empresarios extorsionados.

Motxilaren umea narra la historia de una niña de 11 años cuya madre está encarcelada a 700 kilómetros de su casa, haciendo hincapié en el sufrimiento y trastorno que esta circunstancia provoca en ella. Presentada como una película “pedagógica”, ha sido rodada y financiada por la asociación Kurkuluxetan, dedicada al ocio infantil y a la divulgación del euskera. Asimismo, representantes de EH Bildu, el sindicato LAB y la plataforma Sare, de apoyo a los presos de ETA, la han respaldado. Me causa mucho estupor advertir que esta película ha recibido apoyo de actores sociales y políticos legalizados, que están en nuestras instituciones, y que en ningún momento del filme se haga referencia a las acciones criminales que han llevado a la madre de la niña a estar encarcelada y al sufrimiento que han causado. Todo lo contrario: se las clasifica como “amor al Pueblo Vasco”.

Asusta pensar la manipulación a la que están sometidos algunos niños por parte de la izquierda abertzale. Asusta pensar que en estos “nuevos tiempos” sin violencia de ETA, en los que es más necesario que nunca hacer pedagogía en valores democráticos para que la historia de terror no se repita, los voceros de ETA son los que están transmitiendo valores a algunos niños, valores que no son precisamente democráticos. El cine no es el único medio de distorsión de la historia que están utilizando los herederos políticos y sociales de ETA para negar y absolver su historia de terror: prácticamente todas las semanas se homenajea a terroristas en las calles del País Vasco y Navarra, elevándolos a la categoría de héroes. Siempre hay niños en primera fila.

Los promotores de “Motxilaren umea” refuerzan la necesidad de terminar con la dispersión apelando al grave daño que los reiterados y prolongados viajes tiene para los menores. Mi sobrino, Javier Ordóñez, que se quedó huérfano a los 18 meses porque ETA mató a su padre el 23 de enero de 1995, también tiene que hacer un viaje para poder visitar a su padre: un viaje al cementerio. Un viaje extremadamente doloroso. Los hijos de los presos etarras podrán reunirse con sus padres y disfrutar de ellos cuando cumplan la condena que la ley haya establecido por los crímenes que cometieron. Mi sobrino, sin embargo, nunca podrá reunirse con su padre. Pero yo nunca utilizaría este argumento para defender dónde deben cumplir condena los presos de ETA.