lunes 09.12.2019

Discursos que reparan

Hay discursos que no se enuncian si no surgen de una fibra moral. En una jornada institucional en Erandio (Vizcaya), con motivo del primer Día de la Ertzaintza, el lehendakari López quiso rendir un homenaje a la lucha contra el terrorismo y a “nuestros cuidadores”, esa policía integral de 8.000 miembros que comenzó a patrullar hace 28 años, y que a lo largo de ellos pagó con la sangre de 15 de sus agentes asesinados por ETA.

Los recelos en el campo nacionalista y sindical eran previos a la convocatoria. Desde medios nacionalistas se subrayaba el carácter “propagandístico y de autobombo” de un Gobierno al que atribuyen haberles usurpado el liderazgo del país mediante el pacto PSE-PP. Desde los sindicatos de la Ertzaintza, la motivación de la crítica del Ertzain Eguna venía fundamentada principalmente por la rebaja salarial, como lo explico el mayoritario ERNE, al reconocer que la conmemoración era algo “que siempre habíamos pedido”.

El acto en la Academia de la Policía Vasca congregó a un millar de agentes y sus familiares, y pese de las reticencias contó con la presencia de Javier Balza y Juan María Atutxa, anteriores consejeros de Interior, junto al actual titular, Rodolfo Ares. El lehendakari no eludió la vigente amenaza terrorista ni renunció a la memoria. “Nos acordamos de los silencios, los acosos y los ataques de los totalitarios”-les dijo- y auguró el pronto día en que “no tengáis que ocultar que sois ertzainas”.

No fue una soflama retórica. Rememoraba la situación de numerosos agentes que se fueron a otras localidades limítrofes para huir de las amenazas, a los que, quedándose en sus barrios, secaban sus uniformes en el interior de sus casas para no ser reconocidos; a aquellos que, como tantos guardias civiles y policías nacionales destinados en Euskadi, renunciaron a contarles a sus hijos lo que eran. Algunos se despojaron de sus capuchas en un gesto cargado de emoción al fundirse con los manifestantes contra el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en aquellos días de julio.

Hay otras muestras de la fuerza de un discurso. La quiebra moral de presos de ETA, por la que habían sostenido hasta ahora que el enemigo era “el otro”, y las víctimas, un etéreo “pueblo vasco” al que decían representar. Ocho destacados activistas de la etapa más sangrienta, hoy críticos con la dirección de la banda, reconocen que han producido víctimas y proponen la reparación del daño causado, probablemente la única manera de aspirar a vivir en paz el resto de sus días. Es una declaración de culpabilidad con la que asumen algo de su responsabilidad. Salvo que se quede en mera retórica, una nueva artimaña para impulsar fórmulas que les permitan volver al juego político y rehuir el aislamiento político. La búsqueda de un relato que les aporte un sentido a tanta soledad y tanta muerte. Aunque así fuera.

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