domingo 15.12.2019

Catástrofes que sacuden

Que en la China más pobre se acumulen centenares de muertos y miles de heridos en un brutal terremoto, y que la nube de polvo volcánico en Islandia paralice y distorsione el tráfico aéreo en Europa son noticias que no dependen directamente de la acción del hombre, así que espolean las propias obsesiones. Como la de la polémica increíble en torno al franquismo en España, después de 35 años, a causa del proceso contra el Juez Garzón. O como la de la preocupación general en torno a las dramáticas cifras del paro, sobre cuya reforma laboral ya no se plantea como el talismán para la generación de empleo, so pena que, como dicen algunos, el Gobierno asumiese las indemnizaciones a los contratados en el 2010 y el 2011, algo inviable.

Las desgracias abruptas, que mueven la tierra y cambian las vidas, desplazan las iras y las culpas propias. Se presentan ante nuestros ojos como un dolor real que nos concierne. Son tormentas que caen sobre un áspero desierto, y ahuyentan el malestar baldío, dando tregua a los conflictos. Es la naturaleza. Tragedias que provocan un efecto purificador de nuestras culpas, como en los miedos de infancia ante una nevada.

Pasan historias fuera de nosotros. El cielo europeo se calla. Polonia se crispa por el faraónico entierro de Kaczynski, y personalidades que dan ejemplo de cordura y sensibilidad claman porque se imponga el sentido común y sea despedido como corresponde. La desgracia de Katyn 2 no puede confundir el rango de un presidente, y su entierro no puede ser semilla de división.

Como la nuestra.

Es algo que ha comprendido el propio abogado de Garzón, quien ha querido repudiar las descalificaciones de Villarejo contra el Supremo, que dañan, ha dicho, la propia defensa del magistrado. Valoraciones al término de su larga declaración por el asunto de los fondos del Santander, en una incomprensible coincidencia de acumulación de los tres casos que atañen a Garzón. Hoy era un día raro, después de haber sacado los fantasmas del pasado, y se dio paso a palabras de concordia. Como las de Rodriguez Ibarra, que pidió recuperar nuestro orgullo de enterrar el pasado (es decir, nuestra Transición), desenterrando, eso sí, los restos de las víctimas que aún quedan en las fosas.

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