martes 24/11/20

Tiempos nuevos

El nuevo Rey lleva un año en el Trono. Los sondeos señalan que con Felipe VI la Monarquía está superando el temporal que se inició al final del reinado de Juan Carlos I. El primer Rey de nuestra democracia actual contribuyó valiente y decididamente al establecimiento y consolidación de la misma. Con ello conquistó su sitio en la Historia de España. Otras fueron las desgraciadas razones que aconsejaron su abdicación.

Felipe VI ha protagonizado una gran remontada en el apoyo de la ciudadanía española que mayoritariamente ve con satisfacción la profundización de la Corona en la "profesionalización" de sus funciones constitucionales. Buena fue la apertura de la Casa Real a un mayor escrutinio público aunque en materia de transparencia la Zarzuela tiene camino aún por recorrer. La justificación del coste de la Corona es, asimismo, más amplio que solo el presupuesto estricto de la Zarzuela.

Al filo del año en el Trono, Felipe VI decidió despojar a la Infanta Cristina del Ducado de Palma de Mallorca, título  que pertenece a la familia real. Para bastantes un gesto tardío ya que la Infanta fue definitivamente imputada en noviembre de 2014 pero, dice un refrán, más vale tarde que nunca. Ello evidencia la mucha paciencia habida con su hermana por su padre y él mismo ya que, dicen, repetidamente le pidieron su renuncia. El Rey ha sabido distinguir entre su responsabilidad institucional y el ámbito familiar a pesar de ser para él una decisión dolorosa. La reacción aparentemente desafiante de la Infanta quizás augure un juicio movido cuando empiece la vista oral. Esperemos que no sea así y que la Infanta reconozca, sin perjuicio del sentido de la sentencia, el daño hecho por ella y su marido a la Institución monárquica.

Esta valentía real al meter el bisturí de la ejemplaridad en las carnes de su familia no se ha visto correspondida por Manuela Carmena en las de su propia coalición ciudadana. Zapata no sólo debía renunciar a ser Concejal de Cultura tras revelarse un posicionamiento suyo público antisemita. Debiera también abandonar el Ayuntamiento. ¡Solo faltaba que no hubiera pedido perdón! Otras son ahora las varas de medir lo apropiado en política y eso vale para todos, Ahora Madrid incluido. Pero, en esto, Carmena defrauda rebajando en su caso los límites exigidos a otros.

Pablo Iglesias, como cualquier veterano de la casta política, ha exhibido su versión del "y tú más" argumentando que otros son los políticos que deben marcharse a casa: solo los imputados por corrupción. ¿Y si lo son por otros motivos? Por ejemplo, corrupción de menores, agresión de género o xenofobia. Él y los suyos también deben responder a la exigencia de comportamientos dignos en lugar de dobles raseros. Otros Concejales de Carmena han dicho y hecho en un pasado reciente cosas indebidas. Una está imputada por comportamiento obsceno en lugar religioso pero nadie acepta marcharse.

El Secretario General de Podemos en Madrid explicaba en un diario madrileño, tras las elecciones municipales, una operación llamada "One girl" encaminada, según él, a situar a Carmena al frente de Ahora Madrid reduciendo incluso el protagonismo de Podemos de cara al electorado. Podría haberse denominado también "Prestigiosa abuela para amparar a lobeznos feroces y nietos maleducados". Una ligereza con responsabilidades políticas. Como la tiene Carmona, el candidato del PSOE, por apoyar la investidura de Carmena al frente del Ayuntamiento de Madrid sin averiguar antes quienes eran los que piaban bajo sus alas.

Hay que incluir  a uno que penosamente tuiteaba sugiriendo, según parece, la conveniencia de guillotinar a Gallardón algo superado por Esperanza Aguirre que, jocosamente (naturalmente…), dijo públicamente que había que matar a todos los arquitectos. Con el viejo conflicto civil aun en la cabeza seguido de la dictadura franquista y del terrorismo de ETA son estas formas de expresarse condenables y de mal gusto. Sus autores no deben estar en política.

Con Zapata y otros Concejales de Carmena el PP, PSOE y C's han mantenido posturas críticas semejantes. Ello subraya que en estos tiempos nuevos no son descartables acuerdos de un partido con cualquier otro en beneficio de la ciudadanía. Ésta está distribuyendo su voto esencialmente entre cuatro partidos, sin perjuicio de otros nacionalistas o menores, aunque manteniendo la preeminencia de PP y PSOE. Este reparto de los votos debe llevar al diálogo y a la posibilidad de pactos razonables sin excluir a priori a nadie (salvo racistas, independentistas y otros partidos destructivos del país o de la sociedad) porque se ha acabado lo de que solo uno tiene siempre razón.

Ello comportará el inevitable desgaste de definirse gobernando o permitiendo gobernar. PP y PSOE ya están acostumbrados a ello. Para Podemos y Ciudadanos es una novedad por la que también pagarán un precio. Se acabó lo de la crítica fácil desde fuera del ruedo.  

Carlos Miranda

Embajador de España

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