martes 9/3/21

Somos todos parisinos

Los horribles atentados del viernes pasado en Paris han merecido condena y repulsa universal. Al igual que Madrid, Londres, Washington y Nueva York, la capital francesa ha sido golpeada una vez más por el terrorismo despiadado yihadista (también conoció otros terrorismos) cuyo máximo impulsor es el Califato Islámico instalado en Irak y Siria a base de cortar cabezas y de masacres masivas de poblaciones.

Este terrorismo no machaca sólo en los países occidentales, también lo hace en el mundo árabe e islámico. En Irak, en Siria, en Egipto en el Magreb, en África subsahariana y en  muchos otros sitios. No actúa sólo contra los intereses occidentales.

Sus objetivos son universales (reclama incluso Al Ándalus) con el propósito de imponer en el mundo la sumisión al Califa Al Bagdadí para implantar su terrorífica concepción del Islam que no es mayoritaria entre los musulmanes y que atenta a la propia esencia de una religión que si bien ha podido cometer excesos en su proselitismo, como el cristianismo y el catolicismo, no puede ser considerada una religión que alienta la violencia y la crueldad.

Solo cabe la solidaridad y la unidad frente al terrorismo. Solidaridad ahora con Francia y especialmente con los parisinos. Unidad frente al terrorismo con nuestros socios y aliados.

Un elemento imprescindible es la coordinación de los que velan por nuestra seguridad en todos los países de la Unión Europea fortaleciendo para ello los instrumentos de coordinación intracomunitaria o creando unos más eficaces. Evidentemente esta coordinación tiene también que tener lugar con otros países que no son miembros de la UE, tan cercanos como Marruecos o Turquía; algo más alejados como los EEUU o muchos países árabes o islámicos; y tan alejados como Australia o Japón.

Los intereses comunes de los países de la UE no se limitan a cuestiones económicas o meramente comerciales. Estas son una base fundamental para cimentarla cada vez más pero es preciso ir más lejos, hacia una Unión Europea Federal que incluya, además de las cuestiones fiscales, las de defensa pues la seguridad no se limita a las cuestiones policiales. Si algún país, como el Reino Unido, quiere su nicho particular u otros no están en condiciones de ir hacia adelante en esta integración, o no lo desean, no deben impedírselo a los demás.

El terrorismo ha difuminado la distinción entre seguridad nacional e internacional, entre seguridad interna y externa. Hemos de ser solidarios con nuestros socios, aliados y amigos, víctimas o amenazados por el terrorismo que en un mundo globalizado actúa vinculando el aquí con el allá. No es levantando muros de aislamiento como mejor nos protegeremos sino actuando todos juntos contra un enemigo común que nos arroja caos para mejor prevalecer a continuación, sobre todo si logra dividirnos. España debe, pues, mantener su compromiso con las operaciones internacionales avaladas por la ONU de mantenimiento de paz y apoyar política y militarmente la coalición global contra ese Califato que se autodenomina Estado Islámico.

Necesitamos asimismo unas Naciones Unidas fuertes con un Consejo de Seguridad más cohesionado que el actual en el que aún prevalecen en demasía los intereses individualizados de algunos de los Miembros Permanentes. Esta sería la mejor manera de abordar juntos los desafíos que presentan los conflictos internacionales que traen a las primeras páginas de nuestros diarios y telediarios muerte y desolación como en Siria, Ucrania o Palestina y en diversos lugares de África, provocando asimismo migraciones, a veces masivas, de refugiados.

Además es necesario incrementar la cooperación y la ayuda al desarrollo pues en gran medida es la desesperación por una vida sin futuro la que facilita la receptividad de muchos a los cantos envenenados de las sirenas embusteras que ofrecen soluciones totalitarias y violentas para remediar su desesperación. Hay que generar una prosperidad justamente distribuida en todas partes, incluido en el seno de nuestros propios países occidentales, para segarles la hierba bajo los pies a los xenófobos y violentos de todo pelaje en cualquier lugar donde se encuentren.

En la lucha contra el terrorismo debemos de estar todos unidos y no debe esta materia ser objeto de electoralismo alguno. La lucha contra esta maldición es multifacética pero exige unidad en el ámbito político, tanto nacional, entre los diversos partidos y en el conjunto de la sociedad, como internacional, entre los diferentes países y sus poblaciones. En España es positivo que Ciudadanos se incorpore al Pacto Antiterrorista del PSOE y del PP. Otros debieran adherirse también.

No hay que olvidar también la necesidad de cortar las fuentes diversas de financiación al terrorismo, a veces directas por quienes quizás pretenden comprar la paz solo en sus propios territorios y otras indirectas como cuando se tolera que el Califato consiga vender de contrabando el petróleo que obtiene de los pozos de petróleo que controla.

Carlos Miranda                 

Embajador de España

Comentarios