Martes 17.07.2018

Razones de una moción de censura

Por segunda vez en la misma legislatura el gobierno de Mariano Rajoy se enfrenta a una moción de censura, esta vez con la excusa de una sentencia que afecta a numerosos altos cargos del PP, del partido y del Gobierno de José María Aznar.

Vale la pena recordarlo porque, que yo sepa, ningún miembro del actual gobierno, ni de la ejecutiva de ese partido figuran entre los condenados.

Entonces, ¿a qué se debe la prisa en agarrarse a esta sentencia para presentar una moción de censura, sin que esté claro que esta cuente con los votos necesarios para llevarla adelante y, sobre todo, sin que se sepa el coste de todos y cada uno de esos apoyos?

Veamos las posibles razones de cada grupo político para mirar con simpatía esta oportunidad de cambiar al gobierno del partido más apoyado en las dos últimas elecciones.

Para Pedro Sánchez, vapuleado en esas mismas elecciones y en las últimas encuestas  -el hombre que ha llevado a su partido a los peores resultados de su historia- es una oportunidad de revertir esa imagen de perdedor y aparentar liderazgo. Pero si el argumento oficial es devolver el prestigio a las instituciones ¿por qué no dejar que sean los ciudadanos quienes pongan a cada uno en su sitio? Pedro Sánchez quiere elecciones, pero no ahora. ¿Por qué? Quiere gobernar, quiere forjarse una imagen de hombre de Estado a costa de poner al país en una situación de inestabilidad presente y futura, pero además porque quiere dejar “colocados” sus peones para ese momento en que, inevitablemente, deberá convocar esas elecciones a las que, por ahora, no quiere poner fecha. ¿Tendrá algo que ver el próximo relevo de Carlos Lesmes al frente del Consejo General del Poder Judicial? ¿Los futuros relevos en el TC? Ah, y no olvidemos la elección -parece que ya dentro de poco- del futuro Director de RTVE…

¿Y qué pueden querer los otros grupos a cambio de su voto afirmativo?

Veamos a los nacionalistas. Sus votos siempre han tenido un precio, en dinero o en concesiones y con frecuencia ambas.

Empecemos por el PNV. Acaban de estrujar la bolsa de los Presupuestos Generales de Estado así que la cosa no va de dinero pero ¿Qué tal si el futuro Presidente del Gobierno acepta la redacción del nuevo Estatuto vasco que están preparando y que reivindica, entre otras “menudencias”, el derecho a la autodeterminación?

Por parte de los separatistas catalanes ya lo han dicho; salida de los políticos presos y regreso de los fugados (aunque no sé cómo se obliga a volver a quién huyó por voluntad propia…). Una postura lógica en quienes tenían como una de sus prioridades poder nombrar a dedo a jueces y fiscales. Esto sin contar, con la exigencia de un referéndum “legal”. ¿Estará el futuro presidente del Gobierno dispuesto a estas concesiones a cambio de esos votos rupturistas?

A Pablo Iglesias ha venido Dios a verle. En medio de la polémica sobre su casoplón (perdón por el coloquialismo) consigue desviar la atención, no solo de sus militantes sino de toda la opinión pública, hacia otro asunto que le permite sacar pecho y retomar su maltrecho liderazgo. Además de permitirle cumplir el principal encargo de su financiador, el inefable Maduro, desestabilizar a España.

Para Ciudadanos es la ocasión de seguir con la senda de distanciamiento del gobierno del PP iniciada estos últimos meses.  Para demostrar que ellos son los únicos que saben hacer frente a los separatistas ante la supuesta inacción del Gobierno.

Una ensalada de intereses en la que el ingrediente menor es el interés del país, de sus ciudadanos. En la que los egos personales se sitúan por encima de cualquier consideración hacia aquellos de quienes realmente dependen y cuyos intereses aseguran defender: ¡NOSOTROS LOS CIUDADANOS!

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