Miércoles 26.09.2018

La losa por ser mujer

En pleno siglo veintiuno, cuando, por el lógico transcurso de la evolución de nuestra especie, el machismo debería haber desaparecido o por lo menos tender a la extinción, nos seguimos encontrando con la terrible realidad de que no solo permanece adherido a nuestra sociedad como una pegajosa lacra, sino que, para más inri, está impunemente amparado por multitud de sectores.

Los casos de violencia de género son muy elevados y no hay más que escuchar las noticias para ver que el abuso y las violaciones a mujeres parece que se hayan puesto de moda, o quizás ya lo estaban, pero ahora somos más conscientes de ello.

Veamos solo algunos ejemplos, en lo cotidiano, que se producen tan a menudo y que demuestran que esta obsoleta sociedad patriarcal en la que vivimos está impregnada de machismo en todos los ámbitos:

Si me visto sexy, soy una puta.
Si no hago caso de los piropos, soy una estrecha.
Si no he tenido hijos, soy una egoísta.
Si soy estricta en mi trabajo, soy considerada una hija de puta.
Si me quedo embarazada, soy despedida.
Si amamanto en público, soy una exhibicionista.
Si desempeño el mismo puesto de trabajo que un hombre, cobro menos que él.

Podría poner muchos más ejemplos y algunos se querrán amparar en que han sido educados en un entorno machista. De acuerdo, y si es así, ¿dónde está la sensatez de cada uno para superarlo? Evidentemente, en general, brilla por su ausencia y se ve descaradamente en los casos de maltrato donde la mujer es considerada como una propiedad por el hombre, a la que se puede maltratar física y psicológicamente, e incluso asesinar.

Suelo escuchar eso de que, a lo largo de los años, es mucho lo que hemos conseguido las mujeres en temas de igualdad y que deberíamos darnos con un canto en los dientes. ¿En serio tenemos que seguir soportando la hegemonía masculina por una absurda cuestión fisiológica de cojones?

El machismo es una losa que ha adquirido un tamaño y un peso excesivos, y esa losa la venimos cargando desde hace ya demasiado tiempo. Por fortuna, se han levantado muchas voces en su contra, y no solo femeninas, pero la reacción adversa y las trabas para lograr una evolución coherente siguen siendo demasiado significativas y lastrantes. 

Una educación en valores entre los que se deseche el machismo a las nuevas generaciones es algo básico, pero, claro, con un sistema educativo tan deficiente en ese sentido y otros muchos, a nivel general, donde, además, la iglesia, que es eminentemente machista, tiene bastante poder, hace que esa misión sea harto difícil, por no decir imposible a día de hoy.

La falta de conciliación entre la vida familiar y profesional hace que apenas haya tiempo para dedicar a los hijos y poder transmitirles esos valores. Cuando todo son prisas y, además, el poco tiempo que queda es para realizar una pila de deberes, ¿cómo van a educar coherentemente los padres a sus hijos si apenas pueden jugar con ellos?

En esta sociedad se estigmatiza cruelmente a la mujer, la que ha tenido la desgracia de ser violada, pierde el derecho a volver a ser feliz. Sin embargo, cinco hombres pueden meter a una chica en un portal y violarla para que un juez no lo entienda como violación, sino solo como abuso sexual. Y mientras la víctima tiene que vivir con el rechazo y esconderse del resto del mundo, ellos pueden hacer una vida casi normal. Ah no, que los de “la manada” se quejan de que están siendo acosados, entre otros, por los medios de comunicación. Paradójico, ¿no?

Y yo me pregunto, aquellos jueces que no ven indicios de violación donde está más que claro que sí lo ha sido, ¿quizás aprenderían a discernir entre violación y abuso si lo experimentaran en sus propias carnes?

Siempre me ha costado entender que nos tengan que decir eso de “dejen salir antes de entrar” cuando vamos a coger el metro, porque me parece una norma básica de educación, aunque, por desgracia, muchos todavía no la hayan aprendido. Pero más terrible me parece que se hayan tenido que poner de moda las campañas por unas fiestas sin agresiones sexistas en la mayoría de las ciudades y pueblos en este país. De verdad, ¿tanto cuesta entender algo que cae por su propio peso?

Lamentablemente, sé que todavía nos queda mucho por hacer y habrá que perseverar en la erradicación del machismo, no podemos parar hasta hacer trizas de una vez esta maldita losa que cargamos por el único hecho haber nacido siendo mujeres.


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