domingo 12.07.2020

AQUELLOS MUCHACHOS DE OKLAHOMA…

No hemos aprendido nada del sacrificio de aquellos muchachos de Oklahoma, de Tennessee, de Nueva York, de Toronto, de Londres o de Liverpool

Hace 76 años, el 6 de junio de 1944, 160.000 muchachos, canadienses, ingleses y norteamericanos, al mando del general Dwight «Ike» Eisenhower, cruzaron el canal de La Mancha en 5.000 barcos. Su misión: acabar con el fatídico yugo de la tiranía genocida nacionalsocialista de Hitler. En agosto, el número de soldados que pisaban Francia, era de 3.000.000. Chavales de Toronto, Oklahoma, Tennessee, Londres o Liverpool; muchos de los cuales jamás habían salido de su país, lucharon y murieron en las playas de Normandía, en el bocage francés, en las llanuras holandesas y en los bosques nevados de Las Ardenas con el único objetivo de liberar Europa. Combatieron, sudaron, sufrieron por la única recompensa posible: cumplir su deber con las naciones libres del mundo.

Stalin, había requerido la apertura del segundo frente, ya que prácticamente las tropas soviéticas soportaban en aquel momento el peso de la guerra. La invasión, suavizó la resistencia alemana en el frente del Este, lo que resultó esencial para que los aliados ganaran la contienda.

Finalizada esta, un general George S. Patton, el más brillante de su generación, hombre culto e ilustrado, advirtió a sus superiores de que derrotado el nacionalsocialismo, el verdadero peligro era el comunismo. No le hicieron caso, e incluso le relegaron a cargos de poca importancia.

Tras la repartición de Europa en la conferencia de Yalta, quedó claro que las dos potencias ganadoras eran EEUU y la URSS, ya que la Gran Bretaña, exhausta por el esfuerzo bélico, representó el papel de convidado de piedra.

Nadie advirtió que Stalin, aprovechó la victoria para poner un nuevo yugo en la cerviz de los países que sus tropas habían «liberado». Bulgaria, Polonia, Rumania, las repúblicas bálticas, y parte de Alemania, fueron condenadas a soportar regímenes comunistas totalitarios esclavos de Moscú. En el otro bando, Norteamérica regó de dólares los países occidentales, instauró la democracia y en pocos años se repusieron, logrando cotas de prosperidad y libertad impensables en el otro bloque. Había comenzado la guerra fría.

Hoy, en el año 2020, parte de los ciudadanos de aquellos países por cuya libertad murieron aquellos muchachos de Oklahoma, se revuelven contra su memoria y sacrificio, llamando a los EEUU, «imperialista», «capitalistas salvajes», «racistas» y «vaqueros incultos», mancillando la memoria de los que sacrificaron en aras de la libertad. Y además, miran con buenos ojos a la cruel ideología colectivista y deshumanizadora, que mantuvo hasta la caída del muro de Berlín, a media Europa en la esclavitud.

No hemos aprendido nada del sacrificio de aquellos muchachos de Oklahoma, de Tennessee, de Nueva York, de Toronto, de Londres o de Liverpool.

Al menos, honremos su memoria.

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