lunes 2/8/21

Los líderes comen al final

miriam

Este Domingo, se ha vuelto a decretar por parte del Gobierno el estado de alarma. Para la mayoría de los Españoles, escuchar esa palabra, nos resulta durísimo. Nos recuerda, momentos de muerte, enfermedad, incertidumbre económica, soledad, cambios en nuestros hábitos de vida, pérdida de la libertad e incluso en la forma, de demostrar la afectividad.

Llevamos ya muchos meses en que nuestra mente está en “estado de alarma” constante. Los medios de comunicación, especialmente las televisiones, nos recuerdan a todas horas, lo tremendamente incumplidores que somos los ciudadanos, y que esa es precisamente, la consecuencia, de que el virus campe a sus anchas.

La pérdida de la libertad, está asociada con la pena de cárcel y ésta es precisamente la sanción, que se nos impone sin juicio previo, no hay defensa posible, cumplas o no, sufres las terribles consecuencias.

Nuestra vida, ha quedado reducida, a movernos por nuestra ciudad o nuestro barrio, si estamos confinados. Sólo podemos salir, para trabajar, estudiar o a realizar tareas esenciales. Se acabaron las reuniones familiares, con nuestros amigos, o las salidas de fin de semana al campo, tan importantes para poder superar la adversidad que estamos padeciendo.

Todas estas imposiciones se están llevando a cabo desde una posición de poder en la figura del Presidente del Gobierno.

Las autoridades competentes, se quejan, de que los jóvenes no obedecen las instrucciones, pero ¿qué educación se les ha impartido? ¿qué ejemplo se les ha dado? Si no les hemos educado en valores y no les hemos dado ejemplo, ahora estamos recogiendo como sociedad lo que hemos generado. En cualquier caso, no se puede generalizar, hay muchísimos jóvenes en España que durante la pandemia han estado de voluntarios, haciendo la compra y visitando a las personas mayores que estaban solas en casa, y ahora están cumpliendo.

Estamos hablando de restricciones a la libertad individual de los ciudadanos, que es el derecho fundamental más preciado en Democracia, y el Gobierno lo limita, aplicando la fórmula de “el artículo 33”. Cualquier líder sabe que la imposición no funciona, que sólo provoca rebeldía.

El sábado, todos pudimos ver en prensa, una fotografía del Presidente del Gobierno y su mujer, al lado del Papa Francisco, sin mascarilla. Cuando a los ciudadanos se nos exige salir a la calle con ella. Esa fotografía resta credibilidad a la necesidad de utilizarla, sobre todo teniendo en cuenta que quien no la usa, es la persona que establece la obligación de llevarla. Esta situación ya se ha producido antes. En el Consejo de Ministros, en el que se declaró el primer estado de alarma, el Vicepresidente del Gobierno que debía estar en cuarentena, fue sin mascarilla y no mantuvo la distancia de seguridad, cuando a su pareja la también Ministra de igualdad, Irene Montero, se le había detectado el Covit. El Ministro de Justicia este verano después de declarar hábil el mes de agosto, dejando sin vacaciones a todos los Abogados y procuradores, se va de vacaciones a Cádiz y sale una foto en la playa hablando con el Sr, Chaves.

España está afrontando esta crisis sanitaria, económica, Institucional con un liderazgo de poder, cuando necesitaría tener al frente, un auténtico líder de servicio.

Una persona con un comportamiento ejemplar, capaz de poner los intereses de España y de los ciudadanos por encima de sus propios intereses, leal, íntegra, honesta, generosa, justa. Coherente entre lo que dice y hace. Este comportamiento, le daría la confianza y la autoridad para influir en los ciudadanos y que éstos pudieran asumir el recorte de libertades estrictamente necesario, con la seguridad de recuperarlas.

Precisamos, un líder empático, que sea capaz de ponerse en la piel de las personas, que tan mal lo están pasando y que nos diga la verdad. Si hace falta, que los ciudadanos actúen, es imprescindible que estén convencidos y decidan hacerlo. Las multas ya no están sirviendo.

Necesitamos un líder, que nos muestre el camino mediante el ejemplo.

 

Myriam I. González Navarro

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